Roma
Roma, como cualquier otra ciudad del mundo, está llena de luces y sombras, más sombras cuantas más luces.

Es un lugar donde el comercio lujoso, de precios prohibitivos, coexiste con los puestos callejeros de helados y paninis,

o con los mercados tradicionales,

donde todo resulta demasiado conocido para sorprender,

y, sin embargo, asusta un poco,

donde la pasión por las motos convive con la afición por los vehículos “peculiares”,
donde se mira a quien mira, y se fotografía a quienes fotografían,

donde el antiguo nombre oficial de la República Romana y el Imperio Romano, ‘Senatus Populus que Romanus’ (SPQR, el Senado y el Pueblo Romano), no sólo adorna los viejos monumentos sino, desde la época de Mussolini, las tapas de las alcantarillas y el mobiliario urbano. Claro que, algún bromista opina que las siglas SPQR en realidad significan ‘Sono Pazzi Questi Romani‘, o sea, están locos estos romanos, Obélix dixit.

También es un buen lugar para apreciar la decadencia de los imperios que, por poderosos que hayan llegado a ser, lo han perdido todo, hasta el rostro,

a pesar de lo cual, los turistas buscamos los restos del pasado esplendor que algún romano disfrazado de antiguo nos quiere vender (¡y llevan ya algún que otro milenio sacándole una renta al pasado!), mientras los nuevos romanos contemplan, ajenos y divertidos, el espectáculo.

Eso sí, hay que reconocer que, en cuestión de gastronomía, han vuelto a conquistar el mundo con unas pocas recetas sencillas.

Es una ciudad en la que abundan los símbolos religiosos por todas partes,

no en vano, dentro de sus límites se encuentra un estado católico en el que, al parecer, se da cierta importancia al voto de pobreza (ajena, supongo),

y hay que estar entre los más hermosos de la ciudad para trabajar a su servicio.

Desde allí arriba, en su posición de dominio, vigilan la ciudad.

A los romanos les encantan las bodas,

y el amor,

aunque por lo que parecen sentir pasión es por los carteles callejeros -algunos, cuando menos, curiosos para nosotros- que se acumulan capa sobre capa, hasta despegarse por el excesivo peso,

y a juzgar por algunos mandatarios, parece que casi cualquier cosa es posible en la capital del antiguo imperio.

Claro, que esto no son más que algunas sensaciones rápidas despues de una visita muy breve.
Para ver más fotos de Roma.
qué envidia las bodas romanas con esos pequeños Alcapones y sus sombreros blancos…
guzman
Septiembre 7, 2009 a 11:53 am