Archivo para enero 15th, 2012
Cinco ciudades marroquíes: 1. Chauen
La pasada primavera -la primavera árabe- hicimos un viaje de ocho días en coche por Marruecos con otros dos amigos. El objetivo, visitar Chauen (شفشاون Shifshawen, Chefchaouen, Xauen), Fez (فـاس Fäs, Fès), El Jadida (الجديدة āl-Ŷadīdah), Esauira (الصويرة Aṣ-Ṣawīra, Essaouira, Mogadur, Mogador) y Marrakech (مراكش Marrākuš, Marraquech), en un recorrido circular de algo más de 1.800 kilómetros que nos iba a proporcionar un primer asomo -exclusivamente urbano, a mi pesar- a nuestro vecino del sur, en un momento especialmente interesante.
Tras una “intensa” travesía del estrecho de Gibraltar, azotado por una marejada, que hace que piense continuamente en los que se juegan la vida haciéndolo a bordo de pateras y todo tipo de embarcaciones precarias en busca de un futuro incierto, llegamos a Ceuta bajo un cielo pesado y plomizo. Después de pasar la caótica frontera con los “servicios” de un “ayudador” que nos proporciona los papeles que tenemos que rellenar, nos dirigimos hacia Tetuán por la carretera costera flanqueada por nuevas urbanizaciones (apartamentos a 100.000 euros), paseos marítimos, modernas farolas, amplias aceras con carriles bici, todo muy “europeo” y supongo que con intención de atraer turistas.
El cruce de Tetuán lo hacemos con la ayuda de varias personas que nos indican y/o a las que seguimos; hay sobre todo un conductor, con su familia a bordo del coche, que se desvía de su ruta y nos dice en perfecto español que a él le han hecho muchos favores y que cuando puede él los hace también. ¡Gracias, Shukran!
Va saliendo el sol mientras conducimos hacia el sur: montañas verdes, ovejas, garcillas bueyeras,…; estamos en las estribaciones del Rift, donde está enclavada Chauen, cuya población original tras su fundación en 1471, estuvo compuesta mayoritariamente por musulmanes y judíos exiliados de Andalucía, lo que hace que la parte antigua de la ciudad -la que visitamos los turistas- recuerde a cualquier pueblo andaluz, de la Axarquía malagueña, por ejemplo.
El epicentro de esa zona es la plaza Uta el Hamman, en la que se encuentran la alcazaba y una mezquita, además de un montón de restaurantes con sus correspondientes terrazas. Como es lógico es el punto clave de reunión, tanto de los habitantes de la ciudad como de los visitantes.
Allí se puede encontrar a mucha gente, en su mayoría mayor, entregada al noble pasatiempo de la charla relajada con los semejantes,
hasta que llega el momento de irse a casa.
Algunas escenas en las calles traseras de la plaza nos sugieren tiempos lejanos,
aunque nunca hay lejos algún signo del tiempo presente lo que, por otra parte, casi podría considerarse una característica de Marruecos, al menos del vislumbrado en este viaje.
Lo cotidiano está siempre presente
y, junto a quien trabaja
o a quien descansa después del trabajo,
en el paseo por la medina nos vamos encontrando personajes tradicionales,
alguno de ellos enmarcado entre los azules típicos de la ciudad,
aunque otros, algo más modernos, llevan el azul incorporado.
Las mujeres mayores visten a la manera tradicional, mientras que la mayoría de las jóvenes o bien combinan la ropa occidental con el uso del hiyab o bien se visten totalmente “a la occidental”.
Quienes están al margen de los líos con la vestimenta son los numerosísimos niños de ambos sexos que, en el caso de los chicos, muestran una marcada preferencia por llevar la ropa oficial del Barça y del Real Madrid, siendo la pasión por uno u otro club -sobre todo por el Barça- algo francamente llamativo en todo el país y, por supuesto, no sólo entre los más jóvenes.
Aunque a veces se los encuentra sentados tranquilamente
o con padre y abuelo,
los juegos no se detienen ni siquiera al llegar la noche.
En toda la parte antigua de la ciudad el predominio de los tonos azules para encalar las casas es absoluto, lo que hace que continuamente se vayan encontrando preciosos rincones
con puertas y paredes pintadas.
Algunos estrechos callejones
se abren inesperadamente en pequeños ensanches donde hay unas cuantas viviendas,
mientras que en otros las casas están a los lados
como en las calles principales de la medina.
Los diversos colores para mezclar con la cal se pueden comprar en muchos de los comercios que se encuentran en toda la ciudad antigua,
siendo evidentemente los azules los más apreciados por los visitantes,
aunque, tratándose de colores, éstos no sólo se encuentran en las paredes sino en los tejidos
o en los increíbles carretes de hilos.
De noche el bullicio se relaja, aunque la ciudad no pierde su encanto
y ofrece vistas que de día nos pasan inadvertidas.
Mientras tanto, los jóvenes se enfrentan a un futuro que se debate entre la emigración y el paro, a la espera de que los cambios que anunciaban las movilizaciones de la primavera árabe se concreten en mejoras para las personas, asunto del que también estamos absolutamente necesitados en los países de la orilla norte del Mediterráneo.



































