Berlín, tercera parte: el muro de la vergüenza

Placa conmemorativa en Leipziger Straße

Un breve repaso histórico para situarnos mejor en los entresijos de la construcción del muro de Berlín (Berliner Mauer): Alemania se rindió incondicionalmente el 8 de mayo de 1945, poniendo así fin a la segunda guerra mundial en Europa. Entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945 tuvo lugar en Potsdam, a poco más de 25 kilómetros en línea recta al suroeste de la Puerta de Brandeburgo, la conferencia que iba a decidir, entre otras cosas, el futuro inmediato de Alemania; allí se reunieron Harry S. Truman (que sustituyó en la presidencia de EEUU al fallecido Franklin D. Roosevelt), Iósif Stalin y Winston Churchil (posteriormente sustituido por Clement Attlee, tras ganar éste las elecciones generales británicas de julio de 1945).

Tranquila calle de Potsdam a la hora de comer

Y allí se estableció la partición de Alemania en cuatro zonas de ocupación -una por cada aliado (URSS, Estados Unidos, Reino Unido y Francia, a cuya participación se oponía Stalin)- previamente decidida en la conferencia de Yalta (Crimea), en febrero de ese mismo año, y la división también en cuatro zonas de Berlín, que se encontraba en la zona de ocupación soviética. Pronto comenzaron las tensiones entre soviéticos y el resto de los aliados, que culminaron con el bloqueo de Berlín por tierra durante casi un año por parte de las tropas soviéticas como respuesta a los Acuerdos de Londres -en los que EEUU, Reino Unido y Francia acordaron iniciar un proceso constituyente en sus zonas de ocupación- y a la introducción del recién creado marco alemán en sus zonas de Berlín. El bloqueo se salvó con un impresionante puente aéreo y se levantó cuatro días después de constituirse la República Federal de Alemania en las tres zonas ocupadas por los occidentales, a lo que respondió la URSS estableciendo en su zona de ocupación la República Democrática de Alemania: la guerra fría se calentaba.

Coche Trabant -coloquialmente denominado “trabbi”- vehículo de dos cilindros a dos tiempos, el más utilizado en la Alemania oriental, para cuya compra había que esperar listas de hasta 10 años!

En la noche del 12 al 13 de agosto de 1961 comenzó -y prácticamente terminó- el cierre con alambre de espino y ladrillos y cemento de los puntos de comunicación entre los dos sectores de la ciudad, para intentar frenar la sangría de ciudadanos de la Alemania oriental que cambiaban de país sin más que cruzar una calle, atraídos por las mucho mejores condiciones de vida en la zona occidental; se estima que solamente en los 6 primeros meses de 1961 salieron de la RDA a través de Berlín occidental 150.000 alemanes del este.

El muro de la vergüenza

Finalmente, el muro tuvo una longitud de 165 kilómetros y cortaba 192 calles berlinesas: familias y amigos separados, trabajos perdidos,… setenta mil sentenciados por pretender cruzarlo y 270 personas muertas intentando hacerlo. Llegó a constar de dos muros separados por una franja de tierra de nadie, y toda suerte de elementos de vigilancia.

Desde el lado occidental del muro, en un tramo que permanece en pie en la Niederkirchnerstrasse, con el edificio que fue ministerio de aviación del III Reich, siguió albergando dependencias oficiales de la RDA y está hoy ocupado por el ministerio federal de finanzas

Tras impedir la huida de sus ciudadanos, el régimen de la RDA se aplicó a dar una imagen de prosperidad y desarrollo que se plasmó en obras como la de la torre de comunicaciones con sus 368 metros,

En la Alexanderplatz

o las viviendas de la Karl Marx Allee que, restauradas tras la unificación, no están exentas de una contundente belleza.

Sólidas viviendas en amplias avenidas

Pero aquella situación era una auténtica locura insostenible,

Locura

en la que las dos superpotencias de entonces tensaban sus músculos a diario, con la vista en el horizonte de cualquier otra locura mayor.

Los dos lados del “Checkpoint Charlie”, en la Friedrichstrasse, uno de los pasos entre las dos zonas de la ciudad, con las fotos de dos de sus últimos vigilantes

De modo que, tras la llegada al poder de Mijail Sergeyevich Gorbachov en la Unión Soviética en 1985, y el comienzo de sus reformas con la “perestroika” y la “glasnost“, los ciudadanos de los países del bloque oriental empezaron a reclamar sus libertades con mayor ahínco. En ese contexto, miles de alemanes orientales emigraron a la más permisiva Hungría a partir de agosto de 1989. Con el fin de regularizar los desplazamientos de sus ciudadanos, el miembro del Politburó del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED), Günter Schabowski, anunció en una rueda de prensa internacional transmitida en directo por la televisión de la RDA que todas las leyes para viajar al extranjero habían sido derogadas con efecto inmediato.

Fragmento del muro

Cuatro horas después, a las 11 de la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989, se abrió el punto de control de Bornholmerstraße bajo la presión de los miles de berlineses que, tras haber visto y oído el anuncio, fueron al muro para cruzarlo por primera vez en 28 años. Tras ese primer paso abierto se abrieron todos los demás: el muro había caído. Abrazos entre desconocidos, reencuentros emocionados, cerveza gratis para todos, martillos y picos para derribar el muro…. El violoncelista Mstislav Rostropovitch fue a tocar al pie del muro animando a los que lo cruzaban y destruían.

Rostropovitch tocando junto al muro, en una foto del museo del “Checkpoint Charlie”

Hoy, fragmentos del muro “adornan” la Potsdamer Platz, donde estuvo la parte más ancha de las barreras fronterizas,

Fragmentos del pasado

mientras que, en algunas partes de la ciudad, una doble hilera de adoquines recuerda dónde se alzaba el muro.

Para no olvidar

Se ha conservado también un segmento del antiguo muro interior de más de un kilómetro de longitud, convertido en museo al aire libre, East Side Gallery, declarado patrimonio artístico en 1992. Pintado en 1990 por artistas de 21 países, ha sido restaurado en varias ocasiones a causa tanto del deterioro del hormigón como por los grafitis de los turistas que casi llegaron a cubrir las pinturas; la última restauración, con casi todos los artistas originales, se hizo para celebrar los veinte años de su caída en noviembre de 2009 .

El dibujo de un hombre saltando el muro parece mirar con estupor el beso entre Leonid Ilich Brézhnev (Secretario General del PCUS) y Erich Honecker (Jefe de Estado de la RDA, dimitido 22 días antes de la caída del muro). La pintura está copiada de una fotografía

La alegría por la desaparición de ese muro no puede hacer olvidar que se siguen construyendo otros muros en otras partes del mundo: el que rodea Cisjordania y la separa de Israel, que tendrá cuando se acabe más de 700 kilómetros, el que pretende blindar la frontera sur estadounidense impidiendo el paso de inmigrantes mejicanos y de otros países sudamericanos, de más de 1.100 kilómetros cuando esté finalizado…. y los muros que nos muestra una exposición de la Casa Encendida de Madrid hasta el 14 de noviembre -“La alargada sombra de los muros”- con pocas pero impresionantes fotos de Juan Medina, Gervasio Sánchez, Walter Astrada y Javier Bauluz: el muro de la pobreza, el muro de la violencia contra las mujeres, el muro de la mutilación de las víctimas del conflicto de Sierra Leona, el muro del Atlántico que frena la inmigración… y tantos otros.

Las palabras de Mayte Carrasco recogidas en un panel de la exposición son bien elocuentes: “Pocos símbolos humillan y rebajan tanto la condición humana como los muros, esas construcciones desmesuradas, impenetrables y a menudo intangibles que dividen a la humanidad e infligen a la población un sufrimiento innecesario. La historia nos ha dejado ejemplos notables, desde el muro de Adriano hasta el de Berlín. Sin embargo, lejos de desaparecer, su presencia no sólo sigue siendo importante y numerosa sino que incluso prolifera sin complejos, en un mundo en el que los viejos muros y prejuicios históricos conviven con nuevas murallas elevadas desde la intolerancia y la exclusión, a pesar de las duras lecciones aprendidas del pasado“.

No es de extrañar el abatimiento que muestra el rostro de Sajarov en una pintura de la East Side Gallery.

Andréi Dmítrievich Sájarov, físico nuclear ruso, disidente del régimen soviético, activista en favor de los derechos humanos y las libertades y Premio Nobel de la Paz en 1976

Próximo y último capítulo: “2010”

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4 Respuestas a “Berlín, tercera parte: el muro de la vergüenza

  1. Fantásticas fotos, como siempre… y gracias por tomarte el tiempo y el trabajo de recopilar la información para compartirla con nosotr@s. Aprender y recordar así es mucho más agradable que volver a abrir un librote de historia…Besos.

  2. Muy buenas las fotos de alexanderplatz!
    Falta decir que les salió el tiro por la culata a los soviéticos con la construcción de la torre de televisión como símbolo de grandeza y desarrolló pues al ponerse el sol ésta proyecta una sombra en forma de cruz cristiana sobre Berlín….
    Espero con ganas la última!

  3. precioso relato! ojalá todos acabaran como el de Berlín, o simplemente no empezaran…

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