Fin de año en kayak

Teniendo en cuenta que el embalse del Pontón Alto, ubicado al lado de La Granja y a escasos 15 minutos de mi casa en Segovia, se había llenado al deshacerse las primeras nieves caídas en la sierra de Guadarrama, el 31 de diciembre decidí que estaría bien terminar el año remando, así que cargué mi kayak Kodiak en la baca del coche y me dirigí a media mañana a la zona de embarque, junto al puente de Segovia.

El embalse se forma represando el río Eresma que, despues de reunir las aguas de varios arroyos de la ladera norte de la sierra de Guadarrama, atraviesa el pinar de Valsaín y se dirige hacia el norte rodeando la ciudad de Segovia, siguiendo su camino hasta desembocar en el río Adaja cerca de Matapozuelos, poco antes de que éste se diluya en el padre Duero junto al pequeño pueblo de Villanueva de Duero, en las proximidades de Tordesillas. Antes en el Eresma, en las proximidades de La Granja, y ahora en el propio embalse, también vierte sus aguas el Cambrones, tras nacer cerca del puerto de Malangosto y formar las espectaculares Calderas.

La mañana, aunque templada para la época, estaba muy oscura,

El principio de la mañana de remo

y ya desde antes de embarcar llovía de forma suave.

Cielo negro y lluvia

Como siempre, tras remar aproximadamente el primer kilómetro, giré en dirección este dirigiéndome hacia la desembocadura del río Cambrones y, como muchas veces ocurre en invierno, encontré una zona bastante grande en la que, a pesar de la buena temperatura, todavía quedaba bastante superficie de agua cubierta de hielo. Rompí un canal con el kayak en el hielo fino y salí de nuevo a aguas libres antes de que hubiera algún problema.

Hielo fino

Sin más complicaciones, más que alguna parada para quitarme-ponerme una sudadera bajo el chubasquero, llegué a la desembocadura del Cambrones donde la estrechez del cauce y la cantidad de ramas bajas de sauces hace que me sea muy difícil maniobrar con los más de 5 metros de mi Kodiak, así que reculé y volví al tramo del embalse -que yo llamo ‘el ramal del Cambrones’- que constituye un estrecho brazo que discurre en dirección este desde el cuerpo principal del embalse.

La salida del Cambrones

Ya de vuelta, remando cerca de la orilla norte del ramal, pude pasar por uno de los “shallows” (zonas de muy poca profundidad) que me sirven para medir el nivel del embalse: si puedo pasar por ellos remando es que el agua ha alcanzado su nivel máximo; en cuanto éste baja un poco ya no es posible cruzarlos en el kayak.

En el “shallow” del ramal del Cambrones

Un poco más hacia el oeste, antes de llegar a la salida del ramal, ví otro tramo con hielo pegado a la orilla norte; como no ocupaba demasiada superficie y tenía una fina capa de agua por encima, producto del deshielo que se estaba produciendo, no varié el rumbo pensando en cruzar por encima abriendo un canal con el peso del kayak. Cuál no sería mi sorpresa cuando, sin apenas darme cuenta, me encontré atrapado por un hielo bastante más grueso de lo que había imaginado. Por el lado norte, el más cercano a la orilla, ni siquiera podía romper la capa de hielo golpeando con el remo de canto; sin pensar en sacar la cámara de fotos de la bolsa estanca para “inmortalizar” el momento, me apliqué a romper el hielo en el lado sur del kayak y a todo lo largo de éste. Finalmente, dando paladas de lado por la zona liberada pude sacar el kayak del hielo y, con un resoplido de alivio, seguir remando.

Iniciando la vuelta hacia el sur siguiendo la orilla occidental del embalse, se podía ver la sierra cubierta por unas nubes muy negras.

Aún nublado

Cuando hay agua suficiente suelo cronometrar lo que tardo en remar ese tramo del embalse, de algo más de kilómetro y medio. Nunca he conseguido hacerlo en menos de diez minutos, aunque desde 2004 siempre lo hago en menos de 12 minutos, casi siempre en menos de 11. Además de la forma en la que esté el remero, el tiempo empleado depende de que el agua esté más o menos movida, de la presencia o no de viento, de detalles de la técnica de remado y de la ruta más o menos recta que consiga trazar.

Vista hacia el sur en el tramo cronometrado

De forma casi repentina salió el sol, proporcionando bonitas imágenes en el agua.

Reflejo de Santa Cecilia

En las cercanías de Santa Cecilia pasé por el otro “shallow” que menos veces se puede cruzar, mientras una pareja de azulones se dirigía al agua con parsimonia.

En el “shallow” de Santa Cecilia

Finalmente, tras cerca de tres horas de remo, un montón de azulones, una docena de cormoranes y una gaviota reidora (sin noticias ni de exóticos falaropos ni de comunes zampullines chicos), salí del agua, subí el kayak a sus ruedas de transporte y me dirigí de vuelta a casa esperando que no pase mucho tiempo antes de volver a remar.

Preparado para volver

Todas las fotos han sido hechas con una cámara Nikon D-700, con un objetivo Nikon AF Nikkor 50mm 1:1.8 D.

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