¡Viva Túnez!

De pequeño, cuando me quedaba a dormir en casa de mis tíos Mari -hermana de mi padre- y Tino, me encantaba jugar con mi primo Miguel Ángel, de mi misma edad, a un juego de estrategia que se llamaba “Grandes Batallas”, en el que se planteaban batallas entre romanos y cartagineses como las que los enfrentaron en las guerras púnicas, sobre todo en la segunda, en la que el general Aníbal, nacido en Cartago el 247 antes de cristo, salió de Cartagena en el año 218 a.c., entrando en la Península Itálica tras cruzar los Pirineos y los Alpes con un gran ejército que incluía, al principio del viaje, a 38 elefantes. Los dos queríamos ser cartagineses, aunque entonces no teníamos muy claro que, en realidad, queríamos ser tunecinos.

Ruinas de Cartago

Muchísimos años después de aquellos juegos, Túnez fue el primer país del Magreb que visité, en septiembre de 2006. En ese viaje estrené mi primera cámara fotográfica digital. Y también nuestro primer -y único hasta ahora- viaje organizado. Muchas primeras veces como para no sentir un cariño especial por el país de Aníbal, el héroe de la infancia.

El viaje consistía en una estancia de una semana, durante la primera parte de la cual éramos transportados en un autobús que iba recorriendo lugares turísticos -llenos de belleza- depositándonos al final del día en hoteles más o menos lujosos,

Hotel en Tozeur

sin haber podido charlar -y poco- más que con los vendedores de recuerdos o los guías que nos acompañaban o nos esperaban en los sitios a visitar.

Guía en Chebika

El resto de la semana nos colocaron en un hotel de playa, cerca de Hammamet, desde donde, con un coche alquilado pudimos visitar algunas ciudades más y acercarnos algo más al Túnez de los tunecinos. En el recorrido por la franja central y la esquina nororiental del país, pasamos por el impresionante anfitetaro romano de El Djem, el cuarto más grande del mundo,

Ruinas de El Djem

por ciudades a las puertas del desierto, en las que apenas tenemos una hora libre y nos bajan del autobús en el sitio adecuado para comprar todos los productos imaginables para turistas

Avenida Habib Burguiba, en Tozeur

por viviendas trogloditas con diversos usos,

Aquí había un restaurante

Ésta, decorada al estilo tradicional de la zona, se visitaba.

Y éstas, habitadas, no se visitan

o por increíbles oasis de montaña

Oasis de Chebika

También adivinamos el desierto,

Cerca de Chott el-Djerid

por cuyo borde damos un turístico y breve paseo en dromedario,

Dromedarios y sus conductores esperando a los turistas

que no es el único sistema de transporte utilizado habitualmente.

Carrito

Por la carretera se ven vendedores de fruta,

Vendedor de carretera

y, en determinadas zonas, de gasóleo, según dicen pasado de contrabando desde la vecina Argelia.

Llamando la atención de potenciales compradores

En las zonas que visitamos parece prevalecer la sensualidad oriental sobre el rigorismo integrista

Espectáculo turístico

y, aunque se ven mujeres vestidas al estilo tradicional -no vimos ninguna con la cara cubierta-

En Tozeur

En Sulayman (Soliman)

también son habituales las que visten más a “la occidental”,

También en Tozeur

o completamente a “la occidental”.

En Hammamet

Los hombres parecen ser los encargados mayoritarios de las tareas “públicas”, como vender y comprar en el mercado,

En el mercado de Tozeur

En el mercado de Sulayman

o sentarse en las terrazas de los bares,

En Hammamet

y se ven frecuentes grupos de hombres jóvenes con aspecto de desocupados, como los que han iniciado la actual revolución.

En la calle

Vimos algunas mezquitas importantes desde fuera, como la Gran Mezquita de Kairouan, o mezquita de Uqba, construida por primera vez el año 670 y declarada Patrimonio de la Humanidad,

Gran Mezquita de Kairouan, desde la terraza de una tienda próxima

o la de Ez Zitouna, en pleno zoco de la capital Tunis (o Túnez); curiosamente, las dos veces llovía.

Gran mezquita Jemaa Ez Zitouna

Algunas escenas me recordaron a mi propia infancia,

En Zaghouan

y las medinas de las ciudades que vimos están llenas de rincones evocadores, ya sea en Kairouan,

Callejeando

en Sidi Bou Said,

Los omnipresentes azules

o en Hammamet.

Perdida en un callejón

Aunque hemos visto algunas puertas cerradas,

En Sulayman

En Zaghouan

por todas partes se ven puertas entreabiertas ligeramente,

En Hammamet

En Hammamet

aunque sea cubiertas por leves visillos,

También en Hammamet

o francamente abiertas

También en Hammamet

por donde han entrado los vientos de cambio que están arrastrando las nubes de la dictadura.

El Mediterráneo en Hammamet

Como ciudadano que ha vivido bajo una dictadura que experimentó una transición pacífica a un régimen democrático, sólo puedo desear a los hermanos tunecinos toda la suerte del mundo en el apasionante viaje que están comenzando, de forma que lo que ahora se mira con inquietud y curiosidad

En Kairouan

se viva rápidamente como un proceso alegre y lleno de libertad con un final feliz para todos los habitantes del país.

En Zaghouan

Las fotos fueron hechas con una cámara Nikon D-200, con objetivo Nikon AF-S Nikkor 18-55 mm f3.5-5.6 que, en este su primer trabajo, sufrió un fuerte golpe que lo dejó maltrecho, motivo por el que algunas fotos tienen una especie de neblina o un cerco negro por las esquinas.

4 Respuestas a “¡Viva Túnez!

  1. Sí señor, viva Túnez y los tunecinos. Les deseo suerte en este trance. Por lo poco que sé se impondrá la sensatez de lo mejor para la mayoría.
    Vaya fotos, tal como lo recuerdo.
    Gracias

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