Y adelanto desde las Islas Galápagos

Y digo adelanto porque cuando vuelva a casa, además de las tareas propias del hogar y el trabajo, por lo que respecta a este blog retomaré el orden cronológico de las historias, abandonado por mor de la preparación de las clases en Quito, así que antes de adentrarnos seriamente en las Islas Encantadas, incluso antes de iluminar la entrada de Quito con fotos, pasearemos por París, asistiremos al concierto de presentación en Madrid del grupo Lígula e iremos de zocos por Marruecos, días antes del atentado de Marrakech.

Pero ahora estamos aquí, en Puerto Ayora, capital de la isla Santa Cruz, a 0º 45′ de latitud sur y 90º 19′ de longitud oeste. Aquí están ubicadas las oficinas principales del Parque Nacional Galápagos y de la Estación Científica Charles Darwin. Menos mal que han puesto el nombre de Don Carlos a algo serio, porque también se llaman Charles Darwin la calle principal de la ciudad -una hilera continua de tiendas de recuerdos, restaurantes y agencias de excursiones- y el espantoso alojamiento donde me metí la primera noche en la ciudad, antes de huir a la isla Isabela, la más grande del archipiélago, una de la cuatro habitadas y en su mayor parte no visitable, al menos por un turista “normal” en cuanto a grosor de la cartera se refiere.

Avenida Charles Darwin, en Puerto Ayora, capital de la isla Santa Cruz.

Desde el día que llegué a las islas -y hoy es mi quinto día aquí- creo que no he dejado de sudar más que algún ratito pequeño, que ha coincidido con los momentos en los que ha llovido, no en balde estamos en la estación de la garúa, así que mis existencias de ropa seca están bajo mínimos.

Si Puerto Ayora puede decepcionar, no lo hace la fauna local, principal excusa para venir hasta estas islas de origen volcánico a mil kilómetros al oeste de la costa ecuatoriana. Unas cuantas especies de pinzones de Darwin, iguanas marinas, piqueros de patas azules y de Nazca, pingüinos, lobos de mar, lagartos de la lava, tiburones de punta de aleta blanca, tortugas verdes, pelícanos, fragatas, petreles, garcitas y gaviotas de varias especies y un montoncito más de especies, sobre todo de aves, teniendo en cuenta que el propio origen de las islas hace que las especies que han sido capaces de llegar hasta aquí sean relativamente pocas.

Piquero de Nazca (Sula granti) y gaviota de cola ahorquillada (Larus furcatus), contemplando las salpicaduras de las olas en la isla Plaza Sur.

Ejemplar inmaduro de garza estriada (Butorides striatus) en un manglar de la isla Santa Cruz.

Eso sí, suelen ser abundantes y confiadas frente a la presencia humana. Lo que aún no he conseguido ver más que en los sitios de cría en cautividad han sido las iguanas terrestres y las impresionantes tortugas gigantes, con bastantes subespecies no sólo una por isla sino, como en Isabela, una por volcán: separados uno de otro por campos de lava impracticables para las totugas, las poblaciones están aisladas.

Cuando me ponga al día os contaré historias de Milton y Fausto Cartagena y de Wilmer Quezada, personajes de Isabela dignos de ser protagonistas de alguna buena novela. Mientras tanto, quedaos con el vuelo de las fragatas, auténticas macarras de los aires, ladronas de pescado capturado con esfuerzo por pelícanos y piqueros…pero ¡cómo vuelan!,

Fragata magnífica (Fregata magnificens) en la isla Santa Cruz.

con la sombra fugaz de un lobo de mar que casi te roza mientras haces snorkel y, tras dar un par de vueltas a tu alrededor, viendo lo patoso que eres desaparece en busca de algo más rápido con lo que jugar,

Lobo de mar (Zalophus wollebacki) junto al islote Tintoreras.

con las omnipresentes iguanas marinas, con su encantadora cara de mal genio y sus resoplidos nasales para expulsar la sal absorbida al comer algas,

Iguana marina (Amblyrhyinchus cristatus albemarlensis) en la isla Isabela.

o con los cangrejos: los “Sally lighfoot” (desconozco su nombre español), naranjas y rojos sobre las rocas de lava negra,

Cangrejos “Sally lightfoot” (Grapsus grapsus) en el muelle de Puerto Ayora por la noche.

Cangrejo “Sally lightfoot” en la isla Isabela.

los cangrejos fantasma, con los ojos en pedúnculos elevados, que viven en las playas de arena y sacan bolitas de arena filtrada a los alrededores de su agujero, o los pequeños (¡qué sorpresa, en los documentales todo parece mayor!) cangrejos violinistas, habitantes de lodazales, tan precavidos como los fantasma ¡qué penurias para hacerles una foto!.

Igual esto no es el paraíso, pero no está nada mal.

Las fotos han sido hechas con una cámara Nikon D-700, con objetivos de 28, 50 y 180 mm, y la del lobo de mar bajo el agua con una compacta Lumix DMC-FT2, que me prestó mi amigo Phil.

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