Galápagos, 6ª parte: viaje a la isla Plaza Sur

Esta mañana, cuando voy a desayunar a mi banco de los últimos días, antes de que venga a recogerme un microbus para hacer la excursión que he contratado, las calles están muy tranquilas

Calle Islas Plaza ¡qué casualidad!

aunque ya hay negocios abiertos.

Lavandería

Varios

Quiero ver iguanas terrestres, y uno de los mejores sitios para hacerlo es en la isla Plaza Sur, al nordeste de Santa Cruz. Hay que ir obligatoriamente en una excursión organizada, así que no tengo más remedio que renunciar a la soledad; a pesar de que el precio total (incluido microbús, lancha, guía y comida) es de 120 dólares, más 5 dólares por el alquiler del equipo de buceo, es de las excursiones más asequibles y populares de las que se pueden hacer aquí. El plan es ir por carretera hasta el canal Itabaca, y desde allí navegar las casi 11 millas náuticas a las que se sitúa la isla (unos 20 kilómetros), ubicada a menos de 400 metros -en su punto más próximo- de la costa nororiental de Santa Cruz.

Tras alcanzar Santa Rosa (¡qué cómodo y rápido me ha resultado hoy el viaje!), se incia el largo descenso hasta el canal por una carretera absolutamente recta, que atraviesa grandes extensiones de palo santo, Bursera graveolens, un árbol que pasa sin hojas la mayor parte del año hasta la llegada de la estación lluviosa. Al llegar al canal nos embarcamos en una lancha. El grupo lo componemos 9 estadounidenses, una pareja de argentinos con una explotación agropecuaria en la zona de Mendoza y yo, además del capitán, dos tripulantes y el guía autorizado, Jaime Navas. Como es habitual, la lancha se mueve un montón (para disgusto y mareo de la señora argentina) a pesar de que vamos bastante despacio. Durante la hora y media de travesía vemos una ballena piloto, piqueros de Nazca, petreles de las Galápagos, gaviotines de cabeza blanca y unos pequeños paíños que a veces parecen andar sobre el agua.

La lancha atraca en el estrecho canal que separa las dos islas Plaza, la norte y la sur. Recorremos en una zodiac y en dos grupos los escasos metros que nos separan del precario embarcadero de la isla Plaza Sur, nuestro destino. Esta isla, la mayor de las dos, llega escasamente a los 1.100 metros de longitud, y en su parte más ancha mide 200 metros. Nada más desembarcar vemos a las primeras y preciosas iguanas terrestres, Conolophus subcristatus,

La primera iguana terrestre

alguna de las cuales parece mirarnos con curiosidad.

Y tú ¿qué miras?

Allí mismo también hay gaviotas de cola bifurcada, Larus furcatus, tanto adultos como inmaduros,

Inmaduro en blanco y negro sobre fondo negro

y, por supuesto, leones o lobos marinos de Galápagos.

Descanso y protesta

Antes de alejarnos del embarcadero observamos una escena un tanto sorprendente: una iguana terrestre, que cuando adultas son básicamente vegetarianas, está comiendo del cadáver momificado de otro miembro de su especie.

Iguana ¿caníbal?

Nos dirigimos hacia la parte sur de la isla por una estrecha senda que dicurre entre grandes opuntias y matas de Sesuvium edmonstonei, planta endémica del archipiélago que adquiere unos fantásticos tonos rojos y naranjas en la estación de la garúa, ahora.

Opuntia y Sesuvium

La fachada meridional es un impresionante acantilado, desde el que se ve la cercana isla de Santa Cruz cerrando el horizonte por el oeste.

Al fondo, Santa Cruz

Mirando hacia atrás -hacia el norte- se divisan las isla Plaza Norte, la más cercana, y de nuevo Santa Cruz, con el suelo en primer plano cubierto de matas de Sesuvium con sus cálidos colores contrastando con el cielo encapotado;

Al fondo, Plaza Norte a la derecha y Santa Cruz a la izquierda

nunca he estado allí, pero esos colores me sugieren la imagen de pastizales de la tundra ártica.

El Ártico en el Ecuador

Caminamos hacia el este por un sendero que recorre el borde sur de la isla. En un saliente de la costa, una solitaria opuntia vigila el mar que se agita contra los acantilados,

El vigía

mientras algunas gaviotas de cola bifurcada descansan entre el matorral de Sesuvium,

Una tregua

otras lo hacen a descubierto, sobre las rocas que forman el borde superior del acantilado,

Posadero

y algunas parejas de individuos de distintas especies comparten el espacio sin ningún problema de competencia, como una iguana terrestre y otra marina (en esta isla se encuentran algunos híbridos de ambas especies),

Juntas y a veces revueltas

o un piquero de Nazca y una gaviota de cola bifurcada.

En el borde del acantilado

Otro piquero espera el momento oportuno para salir a pescar, en un tramo lleno de espesas matas de Portulaca oleracea,

A la espera

desde donde se divisa un islote, de nombre desconocido para mí, y que a buen seguro albergará más muestras de esta apasionante fauna.

Islote desconocido

Llegamos a un sector del acantilado en el que los jóvenes leones marinos machos se retiran a descansar y a comer, después de haber sido derrotados por los machos dominantes en sus luchas por controlar los harenes de hembras, que se instalan en la parte norte de la isla, con un acceso al mar mucho más cómodo, ya que no tienen que “escalar” las decenas de metros que aquí los separan del agua. Mientras llegan tiempos mejores, se entrenan para futuras peleas serias

Bravuconadas 1

Bravuconadas 2

Llegando al extremo sudoriental de la isla, tenemos ocasión de comprobar la fuerza del mar, y eso que hoy no está especialmente revuelto.

Una ola

Ya de regreso, pasamos por una zona de rocas y abundante matorral de Portulaca. En un momento dado, una iguana terrestre corre -en el sentido “iguánico” del término”- para subirse a una roca y quedarse de nuevo totalmente quieta.

Quietud tras las prisas

Alcanzamos así la zona de la costa norte donde están los machos dominantes de lobos marinos con las hembras y sus crías. Un enorme macho, reconocible además de por el tamaño por el abultamiento en la parte frontal de su cabeza, descansa en las rocas de la orilla.

El jefe

De repente, la paz se altera y la tensión se masca en el ambiente. Se produce una extraña agitación, y mientras algunas hembras con crías corren para alejarse del agua

A la carrera

algunos lobos se lanzan a ella y nadan en grupos apretados tras los dos tiburones de Galápagos, Carcharhinus galapagensis, que acaban de aparecer en escena y nadan arriba y abajo a escasa distancia de la costa, en una típica acción de caza esperando que alguien cometa un error y se convierta en su próxima comida.

De caza

De nuevo nos separamos brevemente de la orilla para cortar hacia el embarcadero; las iguanas terrestres siguen estando por doquier, una comiendo un trozo de la subespecie de opuntia que se encuentra en esta isla, Opuntia echios echios,

El almuerzo

especie de la que un impresionante ejemplar nos despide de las horas disfrutadas aquí.

La última opuntia

De regreso hacia el canal Itabaca, comemos a bordo; después, mientras todo el mundo dormita mecido por los balanceos y saltos de la lancha, voy hablando en popa con Jaime, el guía. Tras charlar de la fauna de las islas, la conversación deriva hacia el turismo y sus posibles impactos y excesos, y me cuenta que él compró hace un par de años una lancha parecida a ésta y la acondicionó para hacer este tipo de excursiones; sin embargo, por una reciente ley, no la puede utilizar ya que dicha norma, promulgada para controlar el excesivo desarrollo turístico que supondría matar a la gallina de los huevos de oro, establece que sólo pueden organizar y hacer excursiones aquellos que ya tuvieran licencia en vigor antes de determinada fecha, creo recordar que antes de 2008. A pesar de lo que eso supone para su trabajo, Jaime dice no estar en contra del presidente Correa ya que, por otra parte, su hija disfruta de una beca del gobierno de 10.000 dólares anuales para estudiar medicina en Estados Unidos.

En la radio de un taxi de Quito oí una noticia sobre una norma similar aplicable precisamente a los taxis de Quito, que se cuentan por miles, en un intento por organizar el sector; lo curioso fue que la noticia la dio un locutor cuyo nombre apunté por original: Saturno Colmenares; consultado en casa, resulta que el único que responde por ese nombre es un locutor de la cadena BBN, ¡Red de radiodifusión bíblica! que, presente en 13 países centro y sudamericanos, tiene una emisora en Quito y en cuya web hay una pestaña en la que te explican nada menos “cómo ir al cielo”.

En Punta Carrión a la entrada de Itabaca, unos cuantos hacemos “esnórkel” disfrutando de la gran diversidad de peces presentes, aunque a diferencia de lo que ocurrió en el islote Tintoreras, no hay ni tortugas ni lobos. Eso sí, en la pared sur de la isla de Baltra, que flanquea el otro lado del canal, hay unas cuantas fragatas con sus bolsas gulares flojas, como globos pinchados, y un jovenzuelo en el que destaca su enorme pico. Nos miran, con escasa atención, mientras buceamos.

Descanso comunal

El joven

De vuelta a Puerto Ayora en el microbús, de nuevo atravesamos las grandes zonas de palo santo en una interminable recta de más de veinte kilómetros, por la que todos vamos sumidos en nuestros pensamientos o hablando en parejas en voz baja.

Hacia Santa Rosa

Esta es mi última noche en el paraíso. Como en las dos anteriores, voy a cenar al Isla Grill, donde me tratan como si fuera de la familia; desde la primera vez, al terminar de cenar me invitan a un chupito especialidad de la casa: licor de caña (algo más fuerte que el ron, según me explican), zumo de maracuyá, azúcar y hielo picado, sencillamente espectacular. Al salir de cenar, tras la correspondiente despedida, paseo por el muelle con la marea bajísima: una garza de la lava hace su ronda pescando entre las rocas, mientras los cangrejos zapaya comisquean cogiendo briznas de alimento con sus maxilípedos como si fueran manitas.

De vuelta al hostal, en la calle Islas Plaza, una garza nocturna de corona amarilla, Nyctanassa violacea, camina lentamente por la acera cazando insectos. De repente me acuerdo de que en un momento de la conversación con Jaime esta tarde en la lancha, éste me pregunta por mi profesión y, cuando le contesto que soy biólogo, me mira fijamente y me dice: “Entonces estás donde tienes que estar“. Y tiene razón.

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3 Respuestas a “Galápagos, 6ª parte: viaje a la isla Plaza Sur

  1. Uuuffff, qué frasecita final (me ha dejado pensando… ¿y yo, dónde tendría que estar yo?. En fin, me quedo con la mirada de la primera iguana y la carrera “iguánica”.

  2. Hola Paco, Adrián tiene que hacer un trabajo y le ha tocado la iguana, tiene unas preguntas para tí… ahí le dejo: ¿a que distancia estabas? ¿que comen? ¿si te atacaran que harias?. Omar también tiene preguntas, también le dejo: addddd dkjdkdkkk agggggggggggggl lllhhhhhh. Un abrazo de mi parte

    • A Omar sólo puedo decirle que estoy completamente de acuerdo con sus observaciones. A Adrián le contesto por correo electrónico.

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