Cinco ciudades marroquíes: 3. El Jadida

Con las sensaciones de Fez todavía calientes, abandonamos la ciudad y nos dirigimos hacia el oeste hasta alcanzar el Atlántico.  Descendemos por la autopista de la costa circunvalando Rabat y Casablanca hasta alcanzar el siguiente destino: El Jadida. Durante el trayecto, casi todo el tiempo con tráfico escaso, vemos cigüeñas blancas (a veces en grandes cantidades, alimentándose en prados húmedos), abundantísimas garcillas bueyeras presentes por doquier, milanos negros, cernícalos, urracas, gorriones comunes, estorninos,….

Llegamos a El Jadida a la hora de comer y, antes de buscar el riad donde hemos reservado habitaciones (los riads son pequeños hoteles enclavados en el centro de las ciudades, que utilizan casas tradicionales rehabilitadas), paramos a comer una fuente de pescado variado frito en la terraza de un bar llena de gente local. Como comprobaremos durante nuestra breve estancia en la ciudad, apenas hay turistas europeos por aquí y es que la ciudad nueva (El Jadida significa “la Nueva”) no tiene muchos lugares que visitar.

Con alrededor de 150.000 habitantes, el principal atractivo de esta ciudad abierta al océano es la pequeña ciudad portuguesa de Mazagán, amurallada, incluida actualmente dentro del puerto (en tiempos fue una isla), y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2004.  Antes de visitarla, y no sin ciertas dificultades y la ayuda de más de un vecino, conseguimos llegar al callejón del Quartier Kalaa donde se encuentra ‘La maison des épices‘ (La casa de las especias), que será nuestro alojamiento está noche. Subo directamente a la espléndida terraza desde donde hay una gran panorámica -que en ese momento incluye las confidencias de dos niñas en una azotea próxima- y me imagino al constructor de este riad, el caid (gobernador y juez) Ben Driss, mirando sus dominios desde este mismo lugar.

Las dos amigas

Nos dirigimos rápidamente a visitar la ciudad portuguesa, una de cuyas puertas se encuentra a menos de 500 metros del riad. Construida por los portugueses en 1514, no fue conquistada por los marroquíes hasta 1769.

Acceso suroeste a la antigua Mazagán

Bordeando la muralla  en dirección contraria a las agujas del reloj, lo primero que aparece a los pies de los muros es la zona portuaria,

Un extremo del puerto

donde algunos hombres pescan y charlan junto a barcas pintadas todas en rojo y verde.

Relajo en la tarde

Las únicas personas con las que coincidimos son turistas marroquíes,

La foto

Visitantes

o chicos y chicas que seguramente vivirán en las casas que hay intramuros.

Descansando del juego

Antes de descender de la muralla para recorrer la ciudad, echamos una vistazo a los alrededores.

Contraluz

Una vez en la calle, nos llama la atención el estado de decrepitud, abandono, falta de mantenimiento y limpieza en el que se encuentra este patrimonio de la humanidad. Afortunadamente, la impresionante cisterna está bien. Se trata de una sala de 33 por 33 metros, construida a la vez que las murallas, con el techo formado por bóvedas que se apoyan en columnas.

La cisterna

Al margen de cuatro bombillas, la iluminación procede de la claraboya central que se abrió al redescubrir la estancia en 1916, lo que permitió que por primera vez penetrara allí algo de luz natural. Es un lugar realmente mágico.

Luz cenital

Reconciliados con la visita después de ver la cisterna, nos acercamos a la gran playa en la que “desemboca” El Jadida por el nordeste. Aquí, los habitantes de la ciudad y los visitantes juegan,

Mujeres jugando a la pelota

meditan,

Hombre pensativo

pasean,

Grupos de paseantes

o contemplan el mar y las siempre móviles nubes, que tan pronto cubren el sol como se retiran.

Mirando al mar

Nos sentamos en una terraza a contemplar el mar nosotros también y, mientras estamos allí, la tarde se desvanece delante de nuestros ojos.

Hacia la noche 1

Hacia la noche 2

Hacia la noche 3

Desde que llegamos a Marruecos no ha dejado de asombrarnos la gran cantidad de gente que lleva camisetas del Barcelona y del Real Madrid, o que decora sus coches y camiones con grandes banderas o escudos pintados de los dos equipos, así que hoy, que ambos juegan la final de copa, no es de extrañar que en los salones de los bares haya cientos (no es exageración) de hombres mirando con pasión y participación el partido. Después de cenar, nuestros compañeros de viaje se quedan en un bar a ver la prórroga y nosotros atravesamos las calles vacías para llegar al riad.

Todo cerrado

Una vez allí, y tras ser enseñado por una paciente profesora particular, consigo terminar mi primer sudoku mientras en la noche la mitad de quienes veían el partido gritan un gol lejano.

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