Cinco ciudades marroquíes: y 5. Marrakech

De nuevo transcribo las notas del cuaderno:

Empieza la última etapa del viaje: vamos rumbo a Marrakech. En la primera parte el paisaje está lleno de campos de argán, el árbol cultivado por cooperativas de mujeres: recogen las nueces, las machacan un poco para sacar el fruto, y muelen éstos para obtener un aceite con muchas propiedades en salud, cosmética y alimentación. Ayer, en una tienda de comercio justo en Essaouira, compramos unas botellitas de aceite de argán, producidas por la cooperativa agrícola femenina Tawount, y unas cajas de madera y raíz de Thuya, también muy frecuente en la zona, elaboradas por los artesamos de la cooperativa Tamounte.

Tras las zonas de argán va empezando el desierto, con vegetación cada vez más rala, rocas, arena y sol. El cambio de paisaje es total. Hemos salido de Essaouira lloviendo a mares y llegamos a Marrakech con el cielo medio nublado y no demasiado calor.

Panorámica tras los cristales

¡Vaya ciudad caótica! Como ya hemos visto en todas partes, conducen “como locos”, respetando las mínimas normas posibles. Finalmente, llegamos a un aparcamiento cerca de donde está nuestro riad -Dar El Warda- y, como siempre, se nos abalanzan “vigilantes”, “directores de maniobras”, “ayudantes” y demás categorías. ¡Aparco “dirigido” por 7 (siete) jóvenes! ¡Pero ¿qué futuro les espera así?! Tras intento de abuso, regateo y acuerdo de precio llegamos al riad, regentado por Valeria, una italiana joven que ha estado viviendo en Londres y lleva aquí seis meses, sola y sin saber cómo se va a adaptar.

El patio del riad

Nos vamos inmediatamente a la famosa plaza Djemaa El Fna, que está a escasos diez minutos de callejones, a empaparnos otra vez de caos y mogollón.

Se va por ahí…

…se pasa por aquí…

…y por aquí…

…y se llega a la plaza

Domadores de monos (macacos, probecillos, con cadenas o metidos en jaulas enanas para que los turistas les hagamos fotos), encantadores de serpientes -algunos, además de las consabidas cobras y víboras de varios géneros, tienen culebras bastardas como las nuestras, que llevan en la mano y pretenden ponértelas por el cuello- aguadores de los de vestido rojo, gorro de borlas y vasos plateados, que sólo se dedican a buscar turistas que paguen por hacerles una foto o a aquellos que intentan robárselas (las fotos), tipos con una mesita llena de muelas y que parecen ser dentistas, puestos de frutos secos, de zumo de naranja, de comida, músicos, coches de caballos, marroquíes mirando y oyendo historias contadas por cómicos, turistas mirando e intentando ser timados lo justo. Es como una gran obra de teatro en la que cada cual tiene su papel.

¡Qué apetecibles!

Nos paseamos por el zoco aledaño. Se nos enrrolla un señor que sólo quiere hablar un rato en español, compramos pastelillos, una de nosotros tiene una bronca con un tipo que le echa en cara haber hecho una foto de su padre, cuando en realidad estaba haciendo una foto de una plaza, vemos en la misma plaza varios puestos en los que se venden tortugas -muchas- un camaleón, un lagarto espinoso, pieles de pitón, de cebra, de felino, todas ellas con pinta de falsas -espero. 

El zoco techado

El zoco abierto

Espectador impasible

A la vuelta a la plaza, finalmente me decido y pago 10 dirhams para hacer unas fotos a las cobras y víboras. El “encantador” ve tan poco interés en su arte que deja la flauta y se pone a fumar y charlar con los colegas. Son unos animales impresionantes.

Encantador y amigos con un ejemplar de cobra egipcia (Naja haje). El que habla por el móvil tiene una culebra bastarda (Malpolon monspessulanus) en la mano izquierda.

Ejemplares de Cobra egipcia, víbora bufadora (Bitis arietans), gariba o víbora de escamas aserradas (Echis leucogaster), y víbora de la arena (Cerastes vipera). Determinaciones realizadas a partir de la foto por José Luis Tellería ¡gracias maestro!

A la mañana siguiente nos cambiamos de riad, ya que sólo habíamos reservado para una noche en Dar El Warda y no tiene sitio para hoy (cuenta sólo con tres habitaciones). Nos vamos al riad Mazaya, 80 metros más adelante en el mismo callejón que, regentado por una francesa de Grenoble, está recién restaurado y aún no ha abierto oficialmente por lo que nos hace un precio especial. Es bastante lujoso y, claro, está todo nuevo y estupendo.

Pasadizo en callejón de acceso al riad

Seguimos inmersos en el universo cerrado de Djemaa El Fna: pintadoras de henna, tamborileros, vendedores de “flanes” gigantes y extraños dulces, mujer vociferante con un morterito, rodeada de atentos marroquíes, teatreros, danzantes del desierto con trajes llenos de colores, todos ellos hombres travestidos, el humo de las fritangas, las continuas alusiones a la crisis española y la bancarrota (estamos en la primavera de 2011), el perenne intento de timo: “100 gramos de henna, 40 dirhams”, “pero si he pagado 10 allí”, “bueno ¿cuánto quieres pagar?”, “10 dirham”, “vale”. A mí me llaman todos muy divertidos “Alí Babá”, por la barba, y a nuestro compañero “moustache”, por el bigote.

…el humo de las fritangas…

Está diluviando.

Aguantando estoicamente

Damos unos paseos más por la plaza y por el zoco sin ver hoy los puestos de tortugas. Pasamos por la plaza donde estaba el antiguo mercado de esclavos; en su lugar hay alguna tienda con sartas de lagartos espinosos, pieles de ocelote, de gacela,… pero no es posible mirar con detalle lo que hay, en seguida te intentan vender todo alabando la autenticidad de la mercancía. Como los que nos intentan convencer de que su chiringuito es el mejor y que en él han comido Javier Bardem, Imanol Arias y Juan Echanove, los nombres que todos repiten.

Mi puesto es el mejor

De vuelta al riad, pasamos por delante del Cinema Edén,

Lugar para imaginar otros mundos…

con una cartelera no demasiado apetecible pero al que me encantaría entrar si fuera hora.

…no siempre deseables

La verdad es que ya voy estando harto de mogollón, de tiendas y de que todo el mundo quiera vendernos cosas. Esto no es para mí. Añoro soledad, paisajes abiertos y tranquilidad, o sea las soledades australes, boreales o, al menos, castellanas.

El 28 de abril, a los cuatro días de marcharnos de Marrakech, explotó una bomba en la Cafetería Argana, en la misma plaza (se ve el cartel al fondo de la foto de “…el humo de las fritangas…”), que dejó quince muertos. La sinrazón no cesa ni conoce límites geográficos.

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