Copenhague bajo el hielo

El 10 de enero, la temperatura en Copenhague bajó de los cero grados y ya no volvió a subir por encima de esa cifra hasta el día 27. Yo volví de mis vacaciones en casa el día 16, así que sólo estuve 11 días bajo cero. En la semana que llegué, la temperatura media en la estación meteorológica de Copenhague, situada en el aeropuerto, fue 4 bajo cero, la media de las mínimas 6,2 bajo cero, la media de las máximas 2,2 bajo cero, la mínima absoluta 8,5 bajo cero y la máxima absoluta 0,3 grados bajo cero. La temperatura más baja en esa semana en todo el país fueron los 17,6 bajo cero que se alcanzaron en el aeropuerto de Roskilde, a tan sólo 34 kilómetros de Copenhague.

El domingo 20 salió un sol helado pero brillante y, como muchos otros habitantes de la ciudad, aproveché para dar una vuelta, hacer algunas fotos y quedarme congelado.

En estanques y parques las aves acuáticas se concentraban en los tramos de agua libre de hielo.

Los lagos ofrecían un aspecto espléndido, y el hielo aterciopelaba los reflejos.

En los canales por los que navegan las barcazas turísticas, éstas mantenían abierto un pasillo central,

aunque en algún tramo del canal principal apenas se distinguía dicho pasillo.

Tras subir por el Nyhavn, decidí que ya era hora de volver a casa para entrar en calor y comer.

La semana siguiente, la semana 4 (del 21 al 27 de enero), la temperatura media en el aeropuerto de Copenhague fue de 2,9 grados bajo cero, la media de las mínimas 5,2 bajo cero, la de las máximas 0,8 bajo cero, la mínima absoluta 9,8 bajo cero y la máxima absoluta 2,5 sobre cero, alcanzados el domingo 27. La mínima más baja en toda  Dinamarca esa semana fueron los 16,7 bajo cero de Karup, en Jutlandia.

El jueves 24, a la hora de comer dí una vuelta rápida con unos amigos por Nyhavn y Ofelia. Encontramos menos hielo del esperado y, tras ver algunas atractivas escenas, nos volvimos al trabajo.

El sábado 26, a pesar de que estaba nublado y hacía bastante viento, volví a salir con la bici y la cámara. En las dos horas y media largas que estuve en la calle, la primera parada fue para hacer una foto a un árbol por cuyo lado paso todos los días. Había una urraca posada en una de las ramas.

Desde allí, me fui directamente al canal principal, a la zona del Diamante Negro, a ver si había aumentado la superficie de hielo. Efectivamente, lo había hecho.

Me dirijo de nuevo al Nyhavn, donde compruebo que el pasillo por el que navegaban las barcazas turísticas sigue cerrado.

En Ofelia las placas de hielo se rompen contra el muelle mientras, posiblemente a consecuencia de una fuga de agua en una manguera, una barandilla y una aparcamiento de bicis se han cubierto de hielo.

En una especie de juego de los disparates, un barco de nombre y vocación navegante está atrapado en su frágil cárcel cristalizada y sin embargo, un poco más adelante, una gaviota argéntea, hecha para volar, navega en un plancha de hielo.

Una cadena ha servido de base para la formación de una auténtica cortina de hielo, y las olas sobre las rocas de la orilla han producido un extraño patrón de congelación que parece estar siendo estudiando por algunos azulones, que cada pocos pasos se sientan para evitar resbalones.

Mientras tanto, la famosa sirenita aguanta impertérrita el asedio de los turistas y del frío.

Ya estoy suficientemente fresco, así que decido ir volviendo. En los lagos, de nuevo cisnes, azulones, fochas (no presentes en esta foto) y gaviotas reidoras se concentran en las zonas de agua libre.

Los reflejos siguen teniendo un punto mágico a pesar de la escasa luz (son las 13:25).

En la recta final del paseo, un hombre arrodillado trabaja el hielo con una sierra ante la atenta mirada de una niña (que seguro que se ha enterado de lo que está haciendo, no como yo), mientras que en el siguiente lago unos chicos pasean a los perros por encima del hielo.

En casa solamente tengo que calentar una crema de calabacín, patata, zanahoria, puerro y cebolla que he preparado para comer. No sé si tomármela o meter manos y pies en ella.

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Una respuesta a “Copenhague bajo el hielo

  1. El reportaje si trasmite sensación de frío. No hay nadie por la calle. Parece una ciudad abandonada. Como siempre fotos estupendas.. Te regalaré una estufa de bolsillo.

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