Nocturno

El viernes salí tarde de trabajar. Como ya había decidido hacerlo de antemano, y sabía que el sol se iba a poner ese día en Copenhague a las 6:37 de la tarde, me llevé la cámara y el trípode a la oficina, con la intención de hacer algunas fotos antes de volver a casa.

Hacía una tarde bastante desapacible ya que, aunque la temperatura rondaba los 10 grados, el viento era muy fuerte, con rachas cercanas a los 70 kilómetros por hora. A veces se hacía casi imposible avanzar con la bici, otras -las menos- parecía que se volaba, y en ocasiones había que hacer auténticos esfuerzos para no caerse.

Crucé el canal por Knippelsbro, uno de los dos puentes que unen la parte de la ciudad que se encuentra en la isla de Zelandia, con la que está en Christianshavn; una vez en esta última, bordeé uno de sus canales interiores para acercarme de nuevo al canal prinicipal, el Københavns Havnebade, y situarme frente a mi edificio favorito en la ciudad, ‘Den sorte diamant’, el diamante negro, sede de la biblioteca nacional a la que voy los miércoles a estudiar danés al salir del trabajo.

Anduve un rato por la zona, disfrutando de la tranquilidad -incluso soledad- en esa orilla, comparada con el bullicio de Zelandia.

Incluso los edificios de viviendas tenían un aire de recogimiento preinvernal.

Continué mi camino en dirección suroeste, pasando bajo el puente Langebro y entrando en Amager (pronunciado ‘Ama’), la otra isla sobre la que se asienta la ciudad, que está unida en este punto a Christianshavn. Desde Islands Brygge hay una bonita panorámica de la ciudad moderna .

En algunas zonas, las gaviotas descansan a la luz de los edificios del borde del canal,

y parece que nadie pasa por el puente para peatones y bicis que cruza hacia la zona del centro comercial. No es cierto.

Lo que ocurre es que en esta oscuridad los sólidos no dejan huella a no ser que estén iluminados. Sólo lo inaprensible, la luz, es capaz de dejar rastros de su presencia y, así, el paso de los barcos-bus queda únicamente marcado por unas huellas fantasmagóricas de colores.

Lo concreto y tangible, vencido por esa misteriosa energía que,

por otra parte, me permite descubrir las entrañas de los edificios

y hasta imaginarme las vidas de sus moradores.

Empiezo a tener bastante frío, pero todavía me da tiempo para jugar otro poco con la luz,

y, ya de vuelta a casa, dejar constancia una vez más de la constante incitación al consumo de nuestras sociedades.

Como era de prever, finalmente me alcanzó la lluvia y llegué a casa, una vez más, con los pantalones y los zapatos empapados.

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3 Respuestas a “Nocturno

  1. Hola Paco! Hace mucho que no te comento pero sigo leyéndote con la misma simpatía con la que empecé. Y es que ver tus fotos es reencontrarme con la parte más bonita de la vida. Me ha gustado mucho la crónica de Noruega y de éste post me quedo con la panorámica nocturna de la ciudad. Sé por Mabel que no te queda mucho de aventura danesa… pero da igual, porque mientras tengas tu cámara siempre encontrarás alguna nueva historia interesante que contar, no te parece? Hasta la vuelta. Cuídate

  2. Sigues sin decepcionarme. Fotos preciosas y de gran calidad. Esta gente no pone cortinas ni cierra persianas. La tercera y décima son las que mas me han gustado. La verdad es que el diamante negro si lo parece. Se que vas a Lisboa y te vas a ver con Isabel. Saludos,me uno al brindis

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