Viaje al norte de Noruega. Quinta parte: soledades árticas

Tras el baño turístico del Cabo Norte, descendimos 163 kilómetros en autobús desde Honningsvåg (punto A del mapa), hasta Lakselv (punto B), donde la amiga Begoña nos había prestado generosamente su casa (trabaja allí una semana al mes) en la que nos íbamos a instalar una semana para recorrer la zona en un coche alquilado.

Lakselv, situada en el fondo de saco del fiordo Porsanger,

es una población de poco más de 2.230 habitantes en 2012 (Wikipedia dixit), situada en los 70º 3′ de latitud norte, “desparramada” y con poca gracia. El centro de la localidad, convenientemente anunciado en la carretera europea E6 que la atraviesa, se compone de dos gasolineras, unos cuantos supermercados muy grandes con horarios de apertura increiblemente largos (a pesar de estar casi siempre vacíos), y algún que otro comercio, incluyendo un restaurante.

A muy escasos kilómetros al oeste de la ciudad, se encuentra el parque nacional Stabbursdalen, de 747 kilómetros cuadrados de extensión y recorrido por el río Stabburselva,

en el que se encuentra el pinar más septentrional del mundo (de Pinus sylvestris), en no demasiado buen estado con el clima actual, y dominado por el abedular.

Además de para cazar y pescar, la gente Saami utiliza el parque como zona de pastos de verano para sus rebaños de renos, y para evitar que éstos se mezclen hay toda una red de cerramientos que, por supuesto, se pueden cruzar mediante un sencillo sistema que evita puertas que se pueden dejar abiertas, y que hemos visto también en Inglaterra, Gales y Dinamarca (en el segundo poste por la izquierda hay una pareja de ampelis europeos).

Allí hicimos una marcha de 6 horas

para llegar a la cascada Stabburfossen;

durante todo ese tiempo, nos cruzamos únicamente con cuatro personas (y vimos a lo lejos a las dos de la barca) aunque los mosquitos, en cantidades astronómicas y sedientos de sangre de mamífero, no nos abandonaron ni un instante, llegando a ser agobiantes en algunos momentos. Afortunadamente, también nos acompañaron los pinzones reales.

El día siguiente lo empleamos en recorrer el lado oriental del fiordo hasta llegar al remoto pueblecito de Veidnes y la península Steimbukt, al final de una pequeña carretera que a veces atraviesa pequeños grupos de casas. Afortunadamente, habíamos comprado estupendos mapas de la zona ¡de papel! de esos que se despliegan encima del coche para estudiar la ruta.

Era todo demasiado bonito, solitario y grandioso para intentar describirlo así que, a partir de aquí, van sólo fotos.

Y llegamos a Veidnes y la península Steimbukt con su minipuerto, su pequeño secadero de bacalao y su aún menor rebaño de ovejas.

Anuncios

4 Respuestas a “Viaje al norte de Noruega. Quinta parte: soledades árticas

  1. Como siempre buen reportaje fotográfico. Despierta ganas de recorrer la zona. Se agradece que compartas de esta manera gráfica tus impresiones viajeras

  2. Precioso. Gracias por compartirlo con el resto del mundo.
    He leido muchos libros que hablan de la zona tropical, de centroamérica y no dejan de hablar de los mosquitos.
    Unos pescadores se ponian barro en la cara para no sufrir las picaduras.
    La ante última foto me atrapó.

  3. Pingback: Viaje al norte de Noruega. Octava y última parte: en Lakselv y alrededores | El Viajero Austral·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s