Viaje al norte de Noruega. Sexta parte: el primer esquiador

Alta, a 65 kilómetros en línea recta al oeste de Lakselv y a 172 por carretera, no pasaría de ser una pequeña ciudad noruega de algo más de 19.000 habitantes, enclavada en uno de tantos paisajes espectaculares del país y con unos inviernos bien duros como corresponde a sus 69º 58′ de latitud norte (ahora mismo, 3 de noviembre a las 17:45 horas, la temperatura en Alta es de 2º bajo cero), a no ser por sus famosos grabados rupestres.

Pero para verlos, hay que llegar allí recorriendo esos 172 kilómetros de puro ártico, por más que alguna señal en la carretera nos resulte muy familiar,

no como la actitud de las ovejas aquí, que tienen la poco recomendable costumbre de tumbarse en arcenes y bordes de carretera, quizás para aprovechar el calorcito del asfalto.

El recorrido hasta Alta, además de tranquilo en cuanto a tráfico se refiere, es francamente bonito,

a menudo espectacular,

y siempre tiene a la carretera como protagonista destacada, aunque suponga una ínfima parte del paisaje.

Los grabados rupestres de Alta, con una antigüedad de entre 6.200 y 2.000 años, fueron realizados por cazadores recolectores que, según las conjeturas de los expertos, se reunirían aquí para participar en rituales y ceremonias, intercambiar conocimiento y experiencias y tomar decisiones sobre materias importantes para el grupo, los individuos y las relaciones entre los diferentes grupos.

Declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985, hasta ahora se han descubierto unos 6.000 grabados agrupados en 4 zonas, de las que se visita la mayor: Hjemmeluft/Jiepmaluokta. Se fueron realizando en las rocas más cercanas al mar a medida que el hielo que cubría la zona se derritió, causando la elevación del terreno como consecuencia de la disminución de la presión, de modo que los grabados más antiguos son los que están más elevados y alejados del mar.

La visita se realiza recorriendo unos 3 kilómetros, en su mayor parte habilitados con pasarelas de madera para evitar el pisoteo y posibles daños a los grabados.

La mayoría de las figuras grabadas se han pintado de color pardo rojizo para facilitar su observación. Al parecer, hay quien defiende que ese sería el color original de los grabados, aunque no hay pruebas concluyentes al respecto. Lo cierto es que en los paneles que no se ha utilizado pintura las figuras, aunque aún se aprecian, se ven bastante peor.

Como corresponde a pueblos cazadores, las figuras predominantes corresponden a aquellas de la fauna local con las que más a menudo interactuaban, básicamente renos (algunos en un cercado), alces, osos

o aves que también entrarían a formar parte de su dieta sobre todo, probablemente, en las concentraciones que se producirían en los pasos migratorios.

También hay escenas de caza y de pesca desde embarcaciones de diversos tipos.

Y hay escenas realmente sorprendentes, como una con varias hembras de alce preñadas,

otra en la que un oso está a punto de aprovecharse del pez capturado por unos pescadores,

y la que seguramente será la representación más antigua de un esquiador….¡como para que no dominen los noruegos esa forma de desplazarse por la nieve!

Las pasarelas de madera nos conducen entre abedules en este viaje por el tiempo,

y al mirar hacia el mar, casi esperaríamos ver acercarse alguno de los grupos que se reunían aquí, ansiosos por conocer las últimas novedades de los grupos amigos.

En el viaje de vuelta, un gran grupo de renos, que aún siguen poblando el área y siendo importantes en la vida de los Sami, cruzan la carretera cerca de nosotros y nos paramos a verlos y hacerlos algunas fotos.

No en vano estamos en la región noruega de Finnmark, parte constituyente de Sápmi, la tierra de los Sami, llamados lapones en muchos idiomas europeos, término que ellos consideran despectivo. A escasos kilómetros de aquí se encuentra Karasjok, ciudad en la que está el parlamento de los Sami noruegos, reconocidos por Noruega como ‘pueblo indígena’ según la Convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales y, como tales, titulares de derechos fundamentales como el de proteger su cultura y tradiciones y el de propiedad de su tierra.

Los renos, en consecuencia, son los reyes de este territorio.

Ya cerca de casa, sobre las rocas dejadas al aire por la bajamar destacan unos postes sobre los que se han colocado unas cajas que utilizan diferentes especies, como el ostrero de la foto.

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