Cullera: la costa Mediterránea maltratada

Los padres de mi mujer compraron un apartamento en Cullera, Valencia, a mediados de los años 60 del siglo XX, cuando empezaba el ‘boom’ del turismo de playa, ese que años más tarde terminaría arrasando casi todo el litoral español, aunque a juicio del actual ministro responsable de su protección, aún se pueda construir más, destruyendo lo poco que queda.

Desde hace ya bastantes años, mi mujer pasa al menos una semana allí con su madre en verano, y casi siempre la acompaño, a pesar de que cada vez me gustan más los sitios solitarios y menos las barbaridades urbanísticas perpetradas en la otrora magnífica costa. Pero, incluso allí, hay ocasiones para practicar “otra mirada” y hacer fotos.

Un ‘modelo’ es el de las fotos de pesca.

Es esta una afición muy extendida en la zona, ya sea para practicarla en sentido estricto, o para mirar como lo hacen otros.

Al parecer, tiene cierto componente hereditario (que no sabemos si desaparece con el crecimiento de los vástagos),

aunque sí se puede afirmar que la fiebre no se pasa con la caída de la noche,

y menos si hay luna llena.

Y claro, hay razones para la afición.

Una actividad que tiene aún más incondicionales es el paseo de la tarde, sobre todo, como no podía ser menos, por el paseo marítimo, que por algo se llama así.

Nosotros solemos preferir darlo por la playa que, a última hora, ofrece vistas no habituales, sobre todo si ha habido algo de oleaje,

el mismo que también arrastra conchas

y las acumula en la orilla.

Tras la puesta de sol, a veces tormentosa,

pronto sale la luna,

y las exposiciones largas, con la cámara montada en el trípode, empiezan a producir sus efectos,

un tanto irreales.

Pero por encima de cualquier otra, la actividad reina en Cullera y los lugares similares es, evidentemente, ir a la playa a bañarse y tomar el sol. Aunque en algunos momentos pueda parecer un sitio tranquilo, incluso solitario,

enseguida nos damos cuenta del error, tanto da que haga un día soleado,

como uno nublado,

si bien la amenaza de lluvia tiende a alejar a la gente del agua y si, finalmente, la tormenta descarga, la playa se vuelve a quedar medio vacía.

Pero al día siguiente, de nuevo hace sol y se puede disfrutar de las tranquilas olas,

imaginar que uno es un avezado regatista,

o conformarse con alguna embarcación más casera.

Con la vuelta de la noche, todavía recordamos cómo, aún no hace demasiados años, los últimos huertos de naranjos de las cercanías sucumbieron bajo lo que hoy son dos horrendas torres de apartamentos.

Cuando damos el obligado paseo nocturno, lo que no consigo recordar es lo que me contaron acerca de las palmeras que, en pequeños grupos, adornan la playa: ¿fueron un regalo de algún jeque o una millonaria adquisición de alguna corporación municipal?

El último día, a primera hora de la noche, hago 6 fotos que luego monto en una panorámica para apreciar de forma cabal en qué se ha convertido esta, en tiempos, hermosa bahía.

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7 Respuestas a “Cullera: la costa Mediterránea maltratada

  1. Paco, maravillosas fotos y originales. Haces con la cámara lo que te da la gana.
    ¿Ya estas en Segovia?
    Un abrazo

    • Como ya le he dicho a él, muchas gracias y no, respectivamente, hasta mediados de junio sigo aquí. Abrazos.

  2. Hola Viajero!! desde mis vacaciones en la costa de Buenos Aires es un placer pasar por un cibercafe para ver tus fotos. Me detuve en la de las conchas. Son muy bellas, aqui no hay tantas. Y comparto tu argumento sobre lo que hace el turismo con la naturaleza.
    Hace unos años estuve por la costa de Rio Negro, aqui en Argentina y es muy distinto que aqui, es mas tranquilo, solitario…
    Gracias por compartir conmigo tus viajes.
    Abrazo!!

  3. Bonitas fotos de Cullera. Es una pena no haber conocido este pueblo antes de tanta construcción ya que yo nací cuando ésta se encontraba en pleno crecimiento. Cullera siempre me ha resultado mágica y de hecho, ahora vivo en el lugar.

    Un saludo.

  4. Un sentiment de tristesse face à la barbarie du boom immobilier que je partage totalement.

  5. Como hermano de Mabel, la playa de Cullera en verano ha sido el punto base de los Fernández durante cincuenta años, y estas fotos estupendas resumen perfectamente sus contrastes.

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