De viento, porrones, serretas y lechuzas

Ayer sábado, aprovechando que no llovía, metí en la mochila la cámara con el objetivo de 180mm montado, los prismáticos, la guía de aves y algo de comida, me eché al hombro el trípode y el catalejo en sus respectivas fundas, me subí a la bici y bajé por Gammel Kongevej en dirección sureste, para terminar lllegando al Brygge broen, el puente para peatones y ciclistas que une las islas de Selandia, donde está la mayor parte de Copenhague, y Amager, donde se ubica entre otras cosas el aeropuerto.

Mi destino, ‘Vestamager og havet syd for‘, literalmente ‘Vestamager y el mar al sur’, un lugar incluido en la red europea Natura 2000, cuyo objetivo es la conservación de una muestra suficiente y representativa de los hábitats y especies europeas. Aquí son las aves el grupo mejor representado y más interesante, y cada cierto tiempo me acerco a ver cómo unas especies van sucediendo a otras a lo largo de las estaciones.

Cuando salgo de la protección de los edificios de Islands Brygge y tomo el camino, asfaltado y prohibido para coches, que discurre por el borde del mar en dirección sudoeste, me doy cuenta de que el viento que venía notando desde que salí de casa es mucho más fuerte de lo que me había parecido y, como ocurre prácticamente siempre, lo tengo de cara, haciendo que el avance sea lento y penoso.

Nada más alcanzar el extremo norte de la reserva, empiezo a ver muchísimas aves en el agua y empiezo a parar para mirarlas con los prismáticos. A veces, cuando veo algo que me parece especialmente interesante o que no puedo identificar por la distancia, monto el trípode y el catalejo. Así, veo una pareja de serretas grandes, Mergus merganser, que no había visto antes aquí (lo que no quiere decir que sea una especie rara: es la primera vez que vengo en invierno).

En este tramo de canal, antes de pasar bajo la autopista que se dirige a la vecina ciudad sueca de Malmö, hay unos miles de aves acuáticas, entre otras, porrones comunes, Aythya ferina, en grupos numerosos y mezclados con porrones moñudos, Aythya fuligula, que seguro que es otro nombre de los que le haría muchísima gracia a la ínclita alcaldesa de Madrid, como el de gaviota reidora que, por cierto, también hay aquí.

Pasadas las tres de la tarde y bastante helado, llego al primer observatorio que mira hacia la marisma. Todo el agua está helada y no hay ni una sola ave, así que sigo hasta el segundo para ver si hay algún cambio. Están separados por poco más de kilómetro y medio pero con el tremendo aire que sopla de cara, el camino se me hace eterno. Me meto en el observatorio para entrar en calor, me como la ensalada de arroz que llevo, recorro la marisma con el catalejo y, tras comprobar que apenas hay un pequeño grupo de cisnes sobre el hielo y otro de azulones en una zona de agua libre, recojo dispuesto a volver al tramo que está lleno de patos. Pero antes, hago alguna foto ilustrativa de la situación.

Y sí, salió momentáneamente un sol triste y helado pero que, al menos, aportaba algo más de color a la escena.

Ahora, el viento soplaba a favor, como atestigua el humo de la chimenea de la gran central de DONG Energy. Esta empresa pública tiene a los daneses de uñas en contra de su gobierno, ya que éste pretende vender el 19% de la empresa, con derecho a veto incluido, nada menos que a Goldman Sachs, el banco de inversión que está entre los responsables del inicio de la actual crisis. Para mayor enfado de los daneses, que pagan de los mayores impuestos del mundo, el citado banco tributaría en varios conocidos paraísos fiscales. Ya veremos como acaba la historia; de momento, ha habido una campaña de recogida de firmas on line, que ha reunido más apoyos que ninguna otra en la historia del país.

Las sensaciones del viento en la bici son, como poco, peculiares. Ahora, debo ir a una velocidad prácticamente igual a la suya de forma que, al desplazarnos juntos, es como si yo fuera metido en un espacio de calma absoluta: no se me mueve ni un pelo ni se oye el más mínimo ruido (al margen de los chirridos y lamentos de mi vieja y oxidada bicicleta). Cuando me cruzo con un chico que va en la dirección “equivocada”, le veo con los dientes apretados, la chaqueta pegada al pecho, las mangas flameando con fuerza y el pelo lanzado hacia atrás. Incluso, cuando yo me paro a mirar con los prismáticos, me quedo de nuevo a merced de su fuerza y necesito alcanzar la velocidad crítica otra vez para volver a entrar en ese magnífico espacio de tranquilidad y sosiego.

Pero la alegría no dura mucho y, contra todo pronóstico y cualquier mínimo sentido de la justicia, el viento rola y se pone casi del este que, si bien no es tan malo como el de esta mañana, ya no permite viajar en primera clase.

Al poco de pasar bajo la autopista vuelven a aparecer los grandes rupos de patos. Los más numerosos, los porrones moñudos ¡qué risa!

Y, junto a grupos de porrones osculados, Bucephala clangula, que tampoco había visto aquí antes, empiezo a ver serretas chicas, Mergellus albellus que, éstas sí, es la primera vez que las veo en mi vida. A pesar de lo corto del objetivo de 180mm para la ocasión, no puedo dejar de poner una foto de estos elegantes patitos, sobre todo los machos, básicamente blancos y con alguna línea y mancha negras. En cuanto se barrunte el buen tiempo, se irán todos a criar a sus territorios norteños.

Hoy no he visto aquí ni un sólo aficionado a la observación de aves, y puede ser por varios motivos. Uno de los importantes tendrá que ver seguramente con el hielo que cubre la marisma, pero otro puede ser la lechuza gavilana, Surnia ulula, que lleva un par de meses instalada junto a la estación de tren de Hareskov, al noroeste de Copenhague, y a la que están visitando todos los ornitólogos de la zona ya que, incluso para aquí, es una observación poquísimo habitual. Además, con sus hábitos diurnos, y la querencia que tiene por una zona de hayedo bastante pequeña, es una observación garantizada. Hasta yo fui a verla el jueves a la hora de comer.

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3 Respuestas a “De viento, porrones, serretas y lechuzas

  1. Que bueno Paco! Como siempre que orgullo de tio (con todas letras 🙂 Abrazo grande y gracias por esta mini lectura gráfica de antes de dormir.

  2. jajajajaja… qué triste mi ignorancia ornitológica… al ver el título he pensado que yo me había despistado de fechas y viajes y estabas en Valsaín!!! de viento, porrones, serretas y lechuzas, jajaja.

  3. Pingback: Un año en Vestamager | El Viajero Austral·

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