Marisa y los vencejos

Los vencejos están entre mis aves favoritas. Para mí, representan la luz, el calor y la alegría de la primavera y el verano. Además de la fascinación que supone el hecho de que sólo se posen lo necesario para incubar sus huevos y criar a los pollos, pasando el resto del año volando ¡incluso para dormir!, parte de su atractivo también radica en lo corta que es su estancia entre nosotros: en Segovia, los primeros se suelen ver en la segunda quincena de abril y, aunque algunos individuos aislados (como los de la foto) puedan permanecer algunos días más, el grueso de la población vuela a sus cuarteles de invierno africanos a finales de julio o en la primera semana de agosto.

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Cuando se van, siempre me invade un sentimiento de nostalgia; aunque aún quede por delante parte del verano, su marcha anuncia que hay que prepararse para los días oscuros y fríos del otoño y el invierno, con la esperanza de que pasen rápidamente y pronto vuelva la maravillosa sensación primaveral de su regreso cuando, un atardecer de finales de abril, oigamos sus voces en la lejanía, y al poco los veamos sobrevolando el valle del río Eresma.

Este año, los vencejos no se han ido solos. Con ellos se ha ido Marisa, mi hermana, multiplicando exponencialmente el habitual sentimiento de nostalgia. También su estancia entre nosotros ha sido corta, demasiado corta, lo que hace especialmente relevantes los momentos compartidos y todos los recuerdos que nos quedan de y con ella. Hay que prepararse para los días oscuros y fríos del otoño y el invierno, que este año serán mucho más oscuros e infinitamente más fríos sin su calor. Pero también tenemos que estar atentos porque, llegando la primavera, notaremos que los primeros vencejos tampoco han venido solos: algo habrá cambiado y el recuerdo de Marisa, mi hermana, ya no nos dolerá como lo hace ahora y seremos capaces de acordarnos de su bondad, generosidad y dulzura con una sonrisa en el corazón.

Marisa 1

 

Marisa 3

Marisa 2

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5 Respuestas a “Marisa y los vencejos

  1. Maravilloso!!!. No puedo dejar de mirar la galería de fotos. Tienes razón al decir que cuando los vencejos vuelvan en primavera, recordaremos sin tanto sufrimiento que Marisa está en nuestro corazón.
    Muchísimas gracias. Un Bs_
    Carmen

  2. Hola Paco, yo tenía la misma sensación cuando los veía llegar por primavera a Salamanca, donde tengo la sensación que eran incluso más ruidosos, con gran algarabía en su vuelos, que aquí en León, menos numerosos y más discretos, será el recuerdo con el paso del tiempo, animo y un fuerte abrazo

  3. Paco, estoy muy conmovido por todo y mas tras leer esto. Siento muchisimo la perdida de tu hermana. Espero que estes sacando los animos de donde no los hay y que las memorias al viento de tu hermana sean siempre una mezcla de nostalgia y vida, y que vuelen y que vuelen. Un abrazo muy grande de tu sobrino. Sois una gran familia.

    • En esta respuesta a mi querido sobrino Nacho va incluido el agradecimiento no sólo a tí, sino también a Carmen, César y Laura. Abrazos para los cuatro (aunque permitidme que apriete un poquito más en el de Nacho).

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