De repente

Viajar en avión contamina mucho. Es antinatural, pero también es muy útil. Y, sobre todo, es muy raro.

No solamente porque te separas del suelo a una velocidad de 285 kilómetros por hora,

y ves la tierra desde fuera,

sino por todo lo que ello supone.

En un momento dado estás hablando con una amiga en el sitio en el que trabajaste dos años en Copenhague, y de repente estás conduciendo entre la niebla, cruzando las montañas al sur de Segovia, en tu camino a casa.

En un momento dado estás pasando por el Knippelsbro sobre el canal principal de la ciudad a las cinco de la tarde, viendo la sede de la biblioteca real, los edificios de oficinas enfrente y el nuevo puente para peatones y ciclistas (las luces rojas a la izquierda del canal),

y de repente estás viendo el atardecer de un día primaveral en otoño, desde la terraza de casa, a las seis y media de la tarde,

después de haber encontrado mariposas volando al regresar del trabajo (¡a seis de noviembre!), con varios murciélagos aún revoloteando por delante, y con Raymond Carver esperándote encima de la mesa del cuarto de estar.

Decididamente, viajar en avión es muy raro.

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4 Respuestas a “De repente

  1. Como siempre genial Paco. Describes situaciones que a todos nos han pasado, pero acompañadas de tus fotos esas situaciones las “clavas”.
    A ver si coincidimos en algún sitio, ¿no? aunque sea en un avión…
    Un abrazo

    • Muchas gracias, exagerado. Y sí, estoy deseando ¿qué tal en Pedrajas… o en Segovia, o en Palazuelos?

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