Homenaje a Bruselas

Hace bastantes años, tenía la idea de que Bruselas debía ser una ciudad triste y aburrida. La primera vez que estuve allí, hace casi catorce años, comprobé que estaba muy equivocado; uno de los recuerdos de aquel primer viaje fue el haber cenado en un barrio multicultural animadísimo el mejor cous-cous que he comido nunca.

Años después, trabajando para la Agencia Europea de Medio Ambiente, fui unas cuantas veces más a reuniones de trabajo a la Dirección General de Medio Ambiente, en la Avenida Beaulieu, a siete paradas de metro de la estación de Maelbeek, donde tanto sufrimiento se ha causado hace unos días.

Yo solía coger la línea 5 en la Gare Centrale con dirección Hermann-Debroux; tras pasar por las estaciones de Parc y Arts-loi, se llegaba a Maelbeek e inmediatamente después a Schuman. Por esa parte central de su recorrido, el metro solía ir abarrotado de gente; más tarde, llegando a las estaciones de Hankar y Delta, el número de viajeros descendía mucho.

Solamente hice fotos en uno de los viajes, el que hice entre el 19 y el 21 de febrero de 2013, y pretenden ser un mínimo homenaje a la ciudad golpeada por la barbarie.

La rutina fue más o menos similar en todos los viajes que hice. El alojamiento solía estar céntrico, más o menos cercano a la estación central, a la que llegaba directamente desde el aeropuerto.

B1

Allí mismo, hay un homenaje a los ferroviarios muertos en las dos guerras mundiales.

A la salida de la estación, camino del hotel, ya se aprecian signos de modernidad de una ciudad tranquila.

Al terminar la jornada de trabajo, a media tarde, era obligado un paseo por las calles del centro.

En esa ocasión, me di el capricho de tomarme un par de Chimais azules en una cervecería tradicional de la Grand Place, “Le roy (con y) d’Espagne”;

allí, mientras degustaba la estupenda cerveza de abadía con un poco de queso, disfruté de la visión, un tanto fantasmal, de los paseantes por la plaza.

Después, solo o con algún colega, tocaba paseo por las calles más animadas,

en busca del restaurante recomendado de turno.

Después de la cena, el paseo nos llevaba de vuelta por calles ya más tranquilas

y casas no tan espectaculares

aunque, eso sí, el paso por la Grand Place antes de irse a la cama era obligatorio.

A la mañana siguiente, de vuelta a la reunión, la visión de algún vehículo “especial”, habitualmente aparcado en las proximidades de la Dirección General, me hacía sonreír.

Y esa sonrisa es la que deseo que recuperen cuanto antes los habitantes de Bruselas, y toda la gente de bien del mundo.

 

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7 Respuestas a “Homenaje a Bruselas

  1. Precioso y sencillo homenaje, Paco.Aunque no conozco Bruselas, tambien me duele la barbarie y por eso me uno a él.

  2. trabajo aun en Bbruselas a 5 pasos de Maalbeek/Maelbeek , gracias por este bonito apoyo a la gente de bien,
    Ber

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