Un año en Vestamager

Entre el 6 de abril de 2013 y el 17 de mayo de 2014, durante mi segundo año en Copenhague, además de ir a un montón de conciertos, muchos de ellos en el Montmartre, fui diez veces a ‘Vestamager og havet syd for‘, literalmente ‘Vestamager y el mar al sur’, ese sitio fantástico del que ya escribí hace un par de años (https://elviajeroaustral.wordpress.com/2014/02/09/de-viento-porrones-serretas-y-lechuzas/). Allí vi un total de 55 especies de aves relacionadas con el medio acuático (zampullines y somormujos, anátidas, limícolas, gaviotas, charranes…); muchas de ellas, poco o nada comunes en nuestras tierras meridionales, por primera vez.

En la primera ocasión fui con la bici en el metro hasta la última estación de la línea 2, que también se llama Vestamager; fue la única vez que utilicé el metro para acercarme. A partir de entonces, siempre iba en la bici desde casa (a algo menos de una hora) y accedía por una pista que discurre junto al canal que separa Sjælland (Selandia) y Amager, las dos islas donde se asienta Copenhague,

hasta que más al sur se abre en la bahía de Køge, donde hay un entramado de redes de pesca (bundgarnsnet, gracias Mette), comunes en las zonas de aguas someras y fondos blandos, en las que muestran bastante interés los cormoranes.

Saliendo del metro en la estación de Vestamager, nos encontramos en la zona de Copenhague donde se han construido algunos de los edificios más modernos de la ciudad.

Incluyendo, ya un poco más lejos, el que alberga la maravillosa Koncerthuset, sala de conciertos a la que también asistí unas cuantas ocasiones.

Pero esta entrada va de Vestamager y el mar al sur, así que vamos allá: en los caminos que recorren la zona (donde, por cierto, transcurre la primera temporada de la estupenda serie policíaca danesa Forbrydelsen) se pueden ver algunos medios de transporte poco habituales.

Pero, sobre todo, hay humedales y marismas llenos de aves,

Ánsar común, porrón europeo, porrón moñudo, somormujo cuellirrojo y focha común.

Cisne mudo, ánade friso, cormorán grande, avefría, gaviota argéntea y gaviota sombría. Y corneja cenicienta. Y vacas...

Cisne mudo, ánade friso, cormorán grande, avefría, gaviota argéntea y gaviota sombría. Y corneja cenicienta. Y vacas…

Cisne mudo, porrón moñudo, somormujo cuellirrojo y focha común.

Montaje de tres fotos con la mayoría de las especies anteriores.

observatorios desde los que asomarse a la vida exterior,

el mar que, a finales de mayo, ya recibe a bañistas valientes

y, por supuesto aves, montones de ellas de muchas especies que, como iré comprobando, se van sustituyendo unas a otras a lo largo del año. El máximo número de especies observadas (siempre referido únicamente a aves relacionadas con el agua) fue de 36, el 17 de agosto, siendo el mínimo 10, el 23 de noviembre.

Entre las que más me han hecho disfrutar (¡me encantan estos patos!) están los eideres comunes, Somateria mollissima, que presentan un acusado dimorfismo sexual, con el plumaje de los machos mucho más contrastado y llamativo que el de las hembras.

Una característica de estos patos marinos es la cría colonial y cooperativa y la formación de guarderías, en las que varias hembras se ocupan del cuidado de los pollos, así que aunque a veces se pueda ver una hembra sola con sus retoños,

es mucho más frecuente ver grupos grandes,

o muy grandes, con montones de patitos.

A pesar de que nunca está demasiado lejos la ciudad,

hay multitud de sitios donde sentirse completamente a solas con los compañeros emplumados, ya sean grandes grupos de porrones moñudos, Aythya fuligula, con algún porrón europeo, Aythya ferina,

cisnes mudos, Cygnus olor, solos

o en pareja,

tarros blancos, Tadorna tadorna,

un aparentemente pensativo ánsar común, Anser anser,

un somormujo cuellirrojo, Podiceps grisegena,

una pareja de somormujos lavancos, Podiceps cristatus,

o un zarapito real, Numenius arquata,

eso sí, siempre con mi fiel y vieja bici,

el mismo vehículo que a unos les sirve para hacer deporte por la pista junto al mar por la que accedo a varios de los observatorios,

y a otros para buscar un rincón romántico junto a la marisma.

Mi agradecimiento a mi amiga Mette, que fue quien me habló de la existencia de este y otros sitios fantásticos donde disfrutar de la naturaleza en Sjælland y Amager, y a su marido Jan, que de vez en cuando me comunicaba la presencia de alguna especie de ave poco común incluso allí para que pudiera ir a verla.

Las fotos están hechas con la Nikon D-700 y los objetivos Nikkor 50mm f/1.8 y 180mm f/2.8 habituales.

 

 

 

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