Niebla

Según la Agencia Espacial de Meteorología, la niebla es la suspensión en el aire de gotitas de agua muy pequeñas, habitualmente microscópicas. La niebla forma un velo blanquecino que cubre el paisaje y reduce la visibilidad horizontal en la superficie a menos de un kilómetro.

Se podría decir que, al menos conceptualmente, en lo que se refiere a ese velo que cubre el paisaje y reduce la visibilidad, algo parecido a una niebla espesa y de muy larga duración ha cubierto mis ideas para este blog, reduciendo a cero el número de entradas en los últimos ocho meses. Y no por falta de fotografías, que he seguido haciendo de forma regular -de hecho hay muchas del mismo viaje del que se hablaba en las últimas cuatro entradas- sino por falta de inspiración: aunque en muchos blogs de fotografía sus autores “solo” publican fotos, yo siempre he querido añadir alguna historia que acompañe a las fotos, o al revés, que nunca ha estado demasiado claro, y eso es lo que me ha fallado en estos meses de sequía imaginativa total.

Y ha sido precisamente al hacer unas fotos con niebla el pasado fin de semana cuando parece que se ha descorrido ese velo y vuelvo a publicar una nueva entrada que, curiosamente, tiene mucho más de fotografía y menos de historias ¿qué le vamos a hacer?

La niebla mencionada en el párrafo anterior avanzaba desde el mar, engullendo la península de Cimadevilla (o Cimavilla) y el oeste de la bahía de San Lorenzo, en Gijón, mientras nosotros contemplábamos el espectáculo desde el lado este de dicha bahía, junto a la playa del mismo nombre.

A pesar de que poco a poco la niebla iba envolviéndolo todo, la animación en la playa parecía no verse afectada,

y al llegar al final de la bahía, desde donde se adivinaba la silueta de la iglesia de san Pedro,

ya no podíamos ver de dónde veníamos.

Cuando subimos al parque del cerro de santa Catalina para ver la obra de Eduardo Chillida ‘Elogio del horizonte’, la niebla se quedó debajo de nosotros dando a la mole cierto aire incorpóreo, acrecentado al escuchar las olas desde el centro de la escultura, como surgidas de la nada.

Al ver aquello y, sobre todo, al ver las fotos hechas allí, recordé otras situaciones con niebla y, por supuesto, con cámara fotográfica. Algunas de esas situaciones son de hace muchos, pero muchos, años, cuando las cámaras eran analógicas y revelaba los carretes y hacía las copias en papel en casa. De momento, esas fotos no pueden ser utilizadas en este foro, pero he buscado fotos digitales de niebla y he encontrado unas cuantas, sobre todo de Segovia, hechas desde nuestra terraza mágica; en el caso de alguna de ellas resulta difícil decir dónde está tomada,

y en otras las vistas son mucho más reconocibles.

El paisaje urbano difuminado resulta aún más impresionante de noche.

También he encontrado fotos de Asturias,

de Orense, con la niebla pegada al Sil,

o cruzando el puerto de Navafría en su vertiente madrileña,

Por supuesto, también hay nieblas de Dinamarca, ya sea una ligera en Copenhague, fotografiada desde la terraza del piso de la calle Falkoner Allée donde pasé dos estupendos años,

otra más espesa y aderezada con ventisca de nieve en el Frederiskberg Have,

u otra desde una colina artificial en las inmediaciones de Risby, en la isla de Selandia, o Sjælland.

De aquellos tiempos nórdicos también hay una foto -hecha desde la casa de un amigo- del Turning torso parcialmente perdido en la niebla: con sus 190 metros de altura y 54 plantas, es el edificio más alto de Escandinavia, y lo diseñó Santiago Calatrava para la sueca Malmö.

O de una travesía hasta el Cabo Norte en la que, navegando cerca de las islas Lofoten, a la extrañeza de la luz nocturna se unió el misterio de la niebla.

Y esa cuestión del misterio es lo que hace que la niebla sea algo mágico: la reducción de la visibilidad permite que la imaginación pueda desbocarse y crear cualquier tipo de paisaje o situación en la zona borrada del mundo, imaginarse que a la vuelta de ese camino en el descenso del volcán Sierra Negra, en Isabela, una de las islas Galápagos, uno puede encontrarse con el espíritu del mismísimo Charles Darwin

o, alternativamente, hace que nos sintamos en una especie de cápsula espacio-temporal en la que, además, podemos escuchar nuestros propios pensamientos.

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2 Respuestas a “Niebla

  1. Muy divertida la entrada de la niebla, y preciosas las fotos. Me gustan especialmente las de Segovia, y de las que has recuperado del pasado, la mayoría. Un buen ejercicio recopilatorio. Paseamos alrededor del Turning Torso hace unos tres años, pero sin niebla, y disfrutamos de una preciosa y soleada tarde de junio, con puesta de sol incluido, desde la playa próxima, mirando el “bron” en la lejanía, antes de volvernos en el tren que lo utiliza entre ambos países. Fue un bonito viaje en familia.

  2. Me alegro de que te guste. Ese tren lo utilicé un montón de veces para cruzar el puente, eso sí, nunca pasé en coche.

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