Tipos de (y en) Copenhague (en sentido amplio)

Quienes hayan tropezado con este blog en algún momento a partir de 2012, habrán notado la profusión de entradas dedicadas a Copenhague (en sentido amplio: se incluye también Frederiksberg que, pareciendo un barrio de la ciudad, es en realidad un municipio independiente rodeado completamente por Copenhague), y sus alrededores.
Eso es debido a que trabajé allí entre junio de 2012 y junio de 2014, y desde entonces he vuelto unas cuantas veces a la que considero mi segunda ciudad.
Copenhague tiene muchas cosas que me gustan. Una de ellas es la sensación de relajo que emana de sus habitantes, sobre todo cuando hace buen tiempo. Agarran sus bicis y se echan a la calle (eso también lo hacen con mal tiempo), para disfrutar de diversas actividades sencillas en cualquier parque o pedacito de suelo cubierto de hierba.

A veces hay que dejar la bici aparcada fuera de la vista del fotógrafo, ya sea para trastear con el móvil,

leer un libro, con más o menos concentración,

mientras las vecinas de banco se comen un helado,

o, simplemente, tomar el sol,

… para lo cual, a veces se deja aparcada no solo la bici, sino la ropa, tal es su amor por esta actividad, que no pueden practicar tan a menudo como quisieran.

Así que, en cuanto pueden, ¡a la calle! y si es cómodamente sentados, cerca de algún canal, y con algo para beber, mejor que mejor.

Eso sí, en condiciones normales hay que guardar las distancias

… a no ser que visitemos esos mismos bancos un día soleado de finales de invierno a la hora adecuada.

En otras ocasiones, la bici se utiliza simplemente para transportarse, transportar a amigos o familiares… o transportar a los perros, que observan atentos a los viandantes,

o acudir a una cita, demostrándose una vez más que no hay que disfrazarse de deportista de élite para usar este fantástico medio de transporte.

Incluso hay veces que utilizan otros vehículos diferentes, ya sea para disfrutar de los parques,

o de un vaso de buena cerveza,

para transporte de seres pequeños

o, simplemente, para hacer ejercicio,

ver cómo lo hacen otros,

o mirar la ciudad desde una perspectiva diferente.

Los niños son unos personajes importantes, educados con mucha libertad desde que son bien pequeños, y es rarísimo oírlos llorar o ver esos berrinches tan habituales en otras latitudes. No sé si contribuirá a ello la actitud relajada de las madres,

o la socialización de calle, ya sea durante las horas de guardería

o las de juego.

Aunque algunas veces pueda parecer lo contrario dado el ambiente que se respira, en la ciudad se sigue trabajando, si bien a veces se descansa para echar un cigarrito,

discutir con el colega los próximos menús,

o, sencillamente, se está a la espera de clientes.

La ciudad mantiene su pulso, y sus habitantes se entregan a sus quehaceres cotidianos,

cualesquiera que sean,

e intentan no hacer demasiado caso a los turistas que en número creciente llegan a esta hermosa y tranquila ciudad.

Y si no, que se lo digan a la célebre sirenita, que debe de estar harta de oír referencias a su pequeño tamaño, aunque no hay dudas: la sirenita, den lille havfrue, the little mermaid, la petite sirène… sea cual sea el idioma que se elija, está claro que no estamos hablando de un ser gigante. Y tampoco es tan pequeña, tiene el tamaño que uno esperaría de una chica adolescente sin aletas.

Cualquier persona que llega a la ciudad parece buscar lo mismo, la animada tranquilidad del canal principal,

o el bullicio del Nyhavn, aunque sea por la acera contraria a las terrazas, junto al recordatorio de los muertos en el Mediterráneo intentando encontrar una vida mejor.

Alguna de esas personas inmigrantes (aunque no haya cruzado el Mediterráneo), trata de ganarse la vida en la otra acera del Nyhavn vendiendo sombreros a los mismos turistas que se asombran del tamaño de la sirenita.

Por mi parte, tras estas tristes reflexiones, volvemos a la cara amable de Copenhague, y otra de las cosas que más me gusta de ella es la música que se puede escuchar por doquier, estupenda música callejera,

o ¿cómo no? jazz del bueno en mi club favorito, el Jazzhus Montmartre.

Aunque, por supuesto, lo que más me gusta de Copenhague es reencontrarme con los buenos amigos y compartir con ellos charlas, jornadas de observación de aves, música, paseos y unas cervezas. Pero esa es otra historia.

Nota: todas las fotos están hechas con una cámara compacta Sony DSC RX100M3, excepto la de los bancos en invierno, que fue tomada con una Nikon D-700 con objetivo Nikkor 50mm f/1,8.

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8 Respuestas a “Tipos de (y en) Copenhague (en sentido amplio)

  1. Además de un fotógrafo avezado eres, maestro, un perspicaz analista de urbes y urbanitas. Sí, anhelamos una vida más armoniosa en nuestras latitudes donde parece que el tiempo discurra en sentido contrario a las agujas del reloj y la razonabilidad. Salud y libertad.

    • Me gustaría decirte que todo se andará, pero soy razonablemente pesimista acerca de lo que comentas. Eso sí, coincidimos en los deseos. Abrazos.

    • Lo tengo pendiente, aunque no es fácil hacer de observador “imparcial” en un sitio pequeño en el que conoces y te conocen. Pero lo intentaré.

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