Un día en la playa: homenaje a Martin Parr

En este blog, de vez en cuando he rendido homenajes explícitos a algunos de los fotógrafos que me han influido y a los que considero -y no solo yo, por supuesto- entre los grandes maestros de los siglos XX y/o XXI. Así, han pasado por aquí Dorothea LangeHenry Cartier-BressonAnsel Adams y, por supuesto, Walker Evans. En esta ocasión, y por primera vez, el homenaje es a un fotógrafo vivo, el británico Martin Parr, nacido el año antes que yo, y miembro de la agencia Magnum desde 1994. Como en otras ocasiones, no pretendo ni de lejos comparar mis fotos con las del señor Parr; lo que ha pasado es simplemente que el tema, los colores un poco saturados de más y algunos modelos involuntarios me han recordado el ambiente general de algunas de sus fotos. Sin más preámbulos, ahí va la historia de hoy.

El día amaneció nublado y parecía que nos íbamos a perder el último día de playa,

aunque rápidamente el viento, y con él la situación, empezaron a cambiar

y, en muy poco tiempo, los bañistas temerosos de las tormentas corrieron a sus lugares habituales

y la playa se llenó de color.

La gente comentaba el rato de incertidumbre pasado,

o intentaba recuperar el tiempo perdido con una ración extra de sol.

Y aunque había quien necesitaba descansar para olvidar la tensión del día-de-playa-casi-perdido,

algunos como fulminados por un cansancio invencible,

otros, sabiéndose únicos testigos, contemplaban estupefactos cómo volaban objetos que no deberían hacerlo.

También se podían observar contrastes -grandes contrastes- entre personas de distintos orígenes y situaciones, una vez que todas ellas se ocuparon de sus tareas habituales en los días de vacaciones (de algunas).

Hubo quien, en vista del tiempo perdido a primera hora, decidió quedarse a comer en la playa

y quienes se marcharon a casa, se apresuraron a volver para seguir aprovechando la tarde en bañador.

Una de las pasarelas de madera instaladas para evitar quemaduras en los pies, conduce casi directamente a una zona de patinetes.

¿Sería hoy el día indicado para alquilar uno, o haría demasiado calor pedaleando en esos pesados artilugios de colores?

Mientras los dudosos intentaban resolver la duda, el sol se escondió tras la montaña que cierra la bahía por el oeste, llegando el momento de jugar lejos del agua y hasta de contarse los primeros secretos.

Y, ¿qué había pasado en la piscina del apartamento durante todo el día? En cuanto salió el sol, el encargado pasó el limpia-fondos para retirar todo lo que pudiera haber caído. Se diría que era un ser acuático salido directamente de la propia piscina.

A media mañana, como siempre, el sol entró directamente al recinto, produciendo sombras muy duras,

aunque cerca de la hora de comer los edificios proyectaron su sombra sobre la pileta, proporcionando una sensación de calma momentánea

hasta que a media tarde hicieron de nuevo su aparición las sombras duras, si bien ahora proyectándose en dirección contraria.

Quizás alguna de las protagonistas de la foto estaba utilizando el teléfono móvil para quedar con alguien esa última noche e ir a bailar a la playa, en lo que podría ser un épico final de las vacaciones.

Nota: las fotos han sido hechas con las cámaras habituales, Nikon D-700, con objetivo Nikkor de 50 mm., y Sony DSC RX100M3, con objetivo Zeiss Vario-Sonnar T* f=8,8-25,7 mm (equivalente a un zoom 24-70 mm en cámaras de 35 mm); F1,8-2,8.

 

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6 Respuestas a “Un día en la playa: homenaje a Martin Parr

  1. Buenísimo post! Que sepas que en Cullera sacas lo mejor de tu arte. Los ángulos y las sombras de las piscinas son brutales. La última foto es Cullera?! Besos

    El 28 ago. 2018 12:16, “El Viajero Austral” escribió:

    El viajero austral posted: “En este blog, de vez en cuando he rendido homenajes explícitos a algunos de los fotógrafos que me han influido y a los que considero -y no solo yo, por supuesto- entre los grandes maestros de los siglos XX y/o XXI. Así, han pasado por aquí Dorothea Lange,”

    • Tú también eres un exagerado ¡muchas gracias! A lo mejor es que ver siempre los mismos sitios con las mismas perspectivas te hace «afilar» el ojo. Y sí claro, la última foto también es de allí; a veces hemos visto bailes nocturnos masivos en bares instalados en la arena que ponen ritmos latinos. Besos

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